Opinión
Puntos de vista

Huérfanos de espejos

Eduardo Sanguinetti, filósofo y poeta.

Por Eduardo Sanguinetti (*) especial para NOVA

Existen más presencias de mezquinos y traidores en puestos de poder que proyectos legítimamente inclusivos en la Argentina, donde se impone el silencio, ante la ausencia de resistencia a la mentira elevada a símbolo en un tiempo sin referentes dignos, a la hora de denunciar lo indecible.

Ya no tiene espacio el perdón para no opinar, para no proponer con persistencia iniciativas que pueden favorecer los cambios radicales que son exigibles en este momento, tan álgido para el país y el mundo. Se hace necesaria una nueva lógica para una nueva situación y cualquier ensayo resulta pertinente y necesario, además de admirable.

Con todo, el conocimiento implica responsabilidad, y hoy, nuestro conocimiento de la realidad es inmenso, como también nuestra responsabilidad sobre ella. Sin embargo, pareciera que no se posee la capacidad para asumir esa responsabilidad, en esta nueva era por la que transitamos, donde nada es lo que parece, sometidos a decisiones e indecisiones de organismos internacionales disfuncionales y gobiernos, entorpecidos en su capacidad de autoorganización, con pánico a asimilarse al giro de 180° que ha propuesto el Covid-19.

Hay señales contundentes que nos ofrece la pandemia, para quienes persistimos en luchar por los derechos humanos en igualdad y verdad. Deberíamos entonces, tomar la posta de los "Notables" que dieron su vida por las urgencias del pueblo, siempre sabio, soportando lo insoportable; señales que aportan evidencias de que ha llegado la hora de terminar con el juego sádico y psicopatológico, de las huestes de xenófobos, racistas, fascistas que intentan sin argumentos, ni coeficiente intelectual, que los anime a esgrimir un discurso en favor de una diferencia inexistente, su color de piel desnuda a algunos y su origen a todos.

Urgente fortalecer el respeto la educación, la identidad, los derechos humanos, el reconocimiento y valoración de los aportes que históricamente la población más discriminada ha aportado a este país, mal le pese a las dominantes clases de tilingos, esclavizadoras, que siguen ejerciendo su poder sobre los parias de la existencia.

El derrumbe de la educación, da espacio a una sociedad sin ideales y sin discurso cultural, todo esto habilitado por la existencia de políticos ignorantes y ávidos, apuntalados por corporaciones mafiosas, que construyen una Babel construida con magros recursos preñados de oportunismo y especulación, intentando un juego de disuasión en una 'selva' de simulación.

Sobre todo, cuando los procesos de degradación son irreversibles, llegando a alcanzar instancias sin retorno, el silencio de los pueblos temerosos del poder de los peores, deviene inevitablemente en complicidad con quienes siguen impulsando sistemas sociales y económicos que potencializan las asimetrías y las situaciones que revisten suma gravedad, en los bordes del ávido camino de la sobrevida de todos.

Enseñar la condición humana debería ser el objeto esencial de cualquier sistema de enseñanza, y eso pasa por tomar en consideración conocimientos que se encuentran dispersos entre varias disciplinas, como las ciencias naturales, las ciencias humanas, la literatura y la filosofía.

La comprensión es tanto medio como fin de la comunicación humana, por lo que no es algo que la educación pueda pasar por alto. Para eso, es necesario internalizar que el rol del educador con vocación es una entrega y donación de suma importancia en la formación de un proyecto de vida y de país.

Debemos salvaguardar a nuestros docentes, dándoles la oportunidad de aplicar programas que se asimilen a las prisas de este tiempo, para que puedan educar a nuestros hijos, anteponiendo la grandeza y el sentido común, en términos de relación y conocimiento, indispensables en la tarea trascendente de construir pensamiento.

Con la educación de nuestros niños no se juega, y pareciera es la norma, del espectáculo grosero, instalado por gobiernos de todos los colores, año tras año, con excusas y justificaciones degradantes, que hicieron colapsar el sistema educativo, con programas vetustos y arcaicos, aplicados por los burócratas del pensamiento, los poderosos usurpadores de la enseñanza, adalides del sistema neoliberal offshore, tendencia neocolonial.

Se trata de preparar nuestras mentes para el combate vital por la lucidez, haciendo de lado privilegios que reciben legisladores y funcionarios bien rentados, parásitos, que no se representan ni a sí mismos, en nombre de la democracia y el orden vetusto que ya no tiene espacio, para quienes somos herederos legítimos de una tradición donde el conocimiento implica responsabilidad y el pensamiento tiene sitial de honor en la vida de nuestra comunidad.

Nadie puede argumentar que no se ha dado cuenta de lo que acontece, de que no eran conscientes del riesgo que se estaba corriendo, a pesar de las alertas y alarmas sucesivas denunciadas por quienes nunca dejamos de advertir el riesgo que suponía la eliminación de la historia de nuestra cultura, social y política, trucando los personajes y escenarios donde el poder disfrazado de popular, y de servidor del Estado, trabajaba y sigue haciéndolo, para intereses privados, simbiosis de amo y esclavo: llevar una máscara se ha convertido en una declaración política.

Deberíamos detenernos y reflexionar: ¿Cómo es posible todo esto?, ¿Cómo pudimos ser tan increíblemente ingenuos?, ¿Cómo pudimos creer que podrían plantar con tanta facilidad un clon de la cultura?, y sin embargo, se han instalado desvalores de imperios en acto de sojuzgar una nación, como Argentina, tan desgarrada en rivalidades de todo tipo, tan desconfiada de los discursos altisonantes de gobiernos “huérfanos de espejos”, asimilados al consumo y al materialismo galopante que impulsa la economía de mercado.

Mientras tanto, el gobierno asegura, que tenemos sellos distintivos de políticas progresistas y hasta socialistas... y sean cuales fueren los extremos a los que lleguen los políticos todos, se siguen llevando a cabo, pactos a espaldas del pueblo, ocultando realidades obtusas y engañando miserablemente al “soberano”, pero no ignoro, la verdad siempre encontrará el modo de penetrar en las fisuras del degradado tejido social argentino y las máscaras caerán.

(*) Filósofo y poeta

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