El columnista invitado
Puntos de vista

La democracia dio positivo: se busca la vacuna

Osvaldo Dameno, dirigente justicialista. (Foto: NOVA)

Por Osvaldo Dameno (*), especial para NOVA

Finalmente se comprobó que la democracia está infectada. Los síntomas son distintos. Ya no son dictaduras militares. Hoy está afectada por líderes electos que hacen uso del poder para subvertir los mecanismos democráticos.

Los autoritarios llegan al poder de distintas maneras. Los autócratas suelen ser outsiders que vienen por fuera de la actividad política, sin embargo, la historia revela que pueden acceder al poder estando ya dentro del sistema, cuando no han sido detectados por la mayoría de la población.

La legitimación de determinadas figuras negativas por parte de reconocidos políticos, puede alimentar la creación de destructores de la democracia fortaleciendo su popularidad. Las democracias enfermas padecen debilitamiento de las instituciones esenciales, como son el sistema jurídico o la prensa y la erosión global de las normas políticas tradicionales.

El panorama se completa con la falta de interés de la ciudadanía en la política, la mengua del apoyo a la democracia como el mejor sistema de gobierno y la caída de la confianza en los políticos como gestores de bienestar, de evitar el aumento del costo de la vida y de poner fin al terrible flagelo de la corrupción.

Han surgido reacciones espontáneas desde la sociedad, a veces esporádicas y fugaces, basadas en diversas reivindicaciones, aunque últimamente han cambiado, apostando a la transformación política dentro del sistema institucional, entrando así en la lucha por el poder y su redistribución, lo que cambia el escenario general.

Nuestro país atraviesa desde principios del siglo un constante deterioro de las condiciones en que se desarrolla la democracia, las instituciones pierden jerarquía y el respeto a la ley y a la Constitución se vuelve volátil. La ausencia de un horizonte común favorece personalismos nocivos.

Mientras los científicos trabajan en las vacunas nosotros tenemos que echar mano a los remedios que conocemos. Hay que prestar atención a las señales de advertencia y adoptar medidas para garantizar que las personas autoritarias o corruptas permanezcan marginadas y alejadas de los centros de poder.

Es menester observar su rechazo o débil aceptación de las reglas del juego democrático, su menoscabo a los adversarios, la tolerancia o fomento de la violencia, la predisposición a restringir libertades civiles de la oposición, incluidos los medios de comunicación.

En principio habría que mantener a estas personas fuera de las listas electorales en época de elecciones, aunque reconozcamos que alguno de ellos hace vibrar al público. Los partidos debieran sacar a esta gente de las bases de sus filas y eludir cualquier alianza con partidos o candidatos antidemocráticos para lograr aislarlos sistemáticamente en lugar de legitimarlos.

Finalmente, como medida extrema, se debe pensar en formar un frente común para derrotarlos poniendo por delante la democracia y el país. A veces salvar una democracia y evitar el ascenso de candidatos corrosivos significa renunciar al éxito del propio partido. Una alianza así se pacta a sabiendas de que cada parte actúa por un bien mayor, aunque los partidos tengan orientaciones ideológicas diferentes y hasta contrarias.

Esta lucha tiene que darse en la política y en los partidos políticos. Hay que seleccionar los cuadros competentes para gobernar y reconocer a los ciudadanos como sujetos políticos, cosa que los partidos no hacen. Esto requiere una reformulación, la política es la palabra, hablar a los ciudadanos es la primera señal de respeto, no hay nada más antipolítico que decir "hechos, no palabras", el que controla la palabra controla los hechos, controla la historia.

El silencio es claudicación de la política, hablar es abrir expectativas, reconocerle la voz a la gente, mirar el futuro y transformar las penas en oportunidades.

Es la política la que puede poner límites a los poderes económicos que son globalizados mientras el poder político sigue siendo nacional y local. La política tiene este desafío, es el único poder al alcance de los que no tienen poder. Los espacios sin política son inmediatamente ocupados por el crimen, las mafias y por personas que no son responsables, transparentes, ni democráticos. Estos son los remedios que tenemos a mano. Hasta que venga la vacuna.

(*) Dirigente justicialista.

Lectores: 1708

Envianos tu comentario

Nombre:
Correo electrónico :
Comentario: