NOVA Show
Talento y resiliencia

Nori Kriegshaber, una actriz comprometida con el arte y una heroína en la vida real

Nori, un ejemplo de lucha y pasión por la vida.
En su profesión, Nori asegura que su mayor aprendizaje "fue y es cada día junto a mis colegas".
"Sueño con una vida linda, llena de sol y empezar a cosechar todo lo bueno que sembré", confiesa Nori.

Por Noël Gibelli, especial para NOVA

NOVA dialogó con Nori Kriegshaber, una talentosa actriz que sigue luchando por crecer, a pesar de su impactante historia de vida:

- ¿Cuándo te diste cuenta de que tenías ganas de ser actriz?

- Desde que era muy chiquita. Miraba todas las telenovelas con mi abuela materna y jugaba a hacer cada personaje en frente del espejo. Llegaba del colegio y me ponía los almohadones a modo de público y actuaba parte de las escenas que había visto en ficción. También bailaba e imitaba a Rafaella Carrá. Me encerraba en mi cuarto a actuar frente al espejo pero recién pude empezar a estudiar actuación y modelaje luego de la muerte de mis padres, ya que mi papá no me dejaba ser artista. Mientras ellos vivían también canalizaba el arte por medio de la pintura. Todo era un escenario para mí .Estudié para ser artista plástica. De más grande también hice cursos de caracterización de personaje, maquillaje artístico, alta definición y social lo que me sirvió mucho en la época que trabajé en Utilísima, en Fox y también para caracterizarme en las obras de teatro independiente para apoyarme en componer el personaje. Lo cual disfruto mucho también, la creación previa.

- ¿Dónde te formaste?

- Comencé estudiando modelaje con Delicia Domínguez y luego actuación en la escuela de Gerardo González en 1993. También realicé estudios de Caracterización Teatral en el hermoso Teatro Colón, con Juan Carlos López y Alex Mathews, entre otros. Tomé clases de entrenamiento actoral con Osvaldo Guidi, Leandro Sosa, Ethel Rojo, Marta González y Mariano Argento, entre otros.

Igualmente, siento que mi mayor aprendizaje fue y es cada día junto a mis colegas, de quienes aprendo en cada trabajo, en cada ensayo. Los hay muy generosos que siempre te dan consejos maravillosos y de los que también se aprende. Pero mi mayor profesor fue sin duda Adrián Yospe, quien fue mi pareja. Vivir con él era una clase diaria de cultura, actuación y aprendizaje. Vivía contándome anécdotas, explicando cosas que yo no sabía, pasándome tips, diciéndome que el real trabajo del actor es buscar trabajo, que esperás mil horas en un rodaje para actuar, que el escenario es un ring de boxeo y sus clases con Agustín Alesso, con quien me quedé con las ganas de estudiar.

También leo mucho sobre el tema y observo, algo imprescindible para cualquier actor. Creo que con el paso de los años uno va mejorando la técnica y la actuación ya que tiene más experiencias de vida y puede transmitirlas en el arte, podés componer desde la experiencia porque transitaste ese sentimiento.

- ¿Cuáles fueron tus primeros pasos en el mundo del espectáculo?

- Mi primer trabajo fue en 1993 en el canal TDA, en La Revista de Ethel Rojo, donde componía un personaje de enamoradiza de todos los cantantes de los videos musicales que presentaba. Era un magazine diario donde participaban Oscar Colombo, Dr. Cahe, Néstor Romano, entre otros panelistas. Allí teníamos invitados diarios y pude empezar a conectarme con mucha gente del medio. Hermosa experiencia. El programa iba en vivo y era todo un desafío para mí.

Desfiles de alta costura y campañas, trabajé mucho para L’Oreal como modelo de prestigio, feria de la moda, programas de TV como Batido, en Canal 9.

- ¿Estuviste casada con una persona del medio artístico?

- No me casé pero conviví varios años con Adrián Yospe, hasta el día de su muerte. Para mí fue mi gran amor, mutuo, sano. Fue realmente mi esposo, un maravilloso hombre valiente y sincero que me enseñó mucho en todo sentido. Amé a su hijito con quien vivíamos junto a los míos. Fue una etapa de mi vida muy feliz porque volví a tener una familia, compartir muchos trabajos juntos, proyectos, una vida familiar hermosa. Un hombre de verdad que supo valorarme, sacar lo mejor de mí, mejorarme como ser humano, que me amó lo suficiente y más para jugarse por un hermoso amor donde la complicidad, la confianza, la lealtad, la fidelidad, el dialogo, la pasión, el amor, el cariño, la amistad, el compañerismo en las buenas y malas siempre estaban presente. Juntos, unidos y muy cómplices me decía siempre y así fue. El me enseñó lo que es amar inmenso, de verdad. También fue lo más triste que viví ya que transité su enfermedad hasta último momento. Me interné a su lado desde que le detectaron cáncer de estómago terminal y no me separé de él hasta el final. Jamás le solté la mano ni él a mí.

Fue terrible para mí su pérdida, ya que volví a perder a una familia por segunda vez en mi vida porque no fue solo su muerte, perdí a su hijito, a Rosita, quien vivía con nosotros y nos ayudaba, perdí nuestros hábitos y costumbres, amigos en común, nuestra rutina, perdí todo, hasta me perdí a mi misma. Me costó mucho levantarme, me faltaba un pedazo de mí. Siempre sentí que una parte mía murió con él y de a poco renací otra vez. Engordé 25 kilos y estuve con dificultad respiratoria mucho tiempo por la angustia y con la ayuda de mi psicóloga, Agustina Arnaus, pude ir volviendo a nacer. Otra yo, diferente, con más heridas sanadas, pero mejor persona, habiendo descubierto que sabía amar bien, lo que podía darle al otro mi incondicionalidad, mi lealtad, mi entrega total. Me quise como ser humano y me alegró saber que antes de partir él tuvo la suerte de ser tan amado, tan cuidado. Tuvo la suerte de irse de este mundo habiendo encontrado el amor, ese del que tanto hablan y pocos encuentran.

- ¿Cómo influyó la cuarentena en vos?

- La cumplí casi estricta con mis hijos Ian, de 20, y Nicole, de 17. Pasé por todos los estados, angustia, tristeza, alegría, amor, pasión extrema, desilusión. Me reinventé. Entrené muchísimo, pinté cuadros, empecé a escribir un libro sobre mi vida, comencé un emprendimiento textil en mi casa junto a mi hijo, hice panes de masa madre, cociné mucho, planté muchas plantas que me regalaron, hice ensayos actorales, lloré y reí, amé y aprendí, acerté y me equivoqué también, pero aprehendí todo. Me rearmé, me aprendí más, me valoré.

- ¿Qué trabajos llevaste a cabo en pandemia?

- Como actriz participé de la serie Elegidos haciendo de la esposa maltratadora de Ivo Cutzarida. Hermosa serie con Miguel Habud, Héctor Pazos, Gloria Fichera, Pablo Alarcón, Lorena Meritano, Mónica Ayos, Beto César, Gonzalo Rocca y muchos grandes artistas.

También participé en el tráiler para la comic, de la primera serie interactiva de Zombies producida en Argentina donde encarnaré a la Primera Dama, esposa de un gran actor que aún no puedo nombrar. La serie cuenta con el prestigioso Osvaldo Laport, La Masa y gran elenco. Está basada en el libro de “Julio Rembado” Buenos Aires BZ.

Estoy con varios proyectos de teatro, un programa de TV dedicado a la salud y belleza y algunas publicidades que aún no puedo adelantar. Veremos cómo sigue todo, pero muy contenta.

- ¿Cómo superaste el accidente que sufrió tu familia?

- El accidente de mi familia fue el primer quiebre en mi vida. Volviendo de Mar del Plata por ruta 2, nos chocó un auto en Dolores y como resultado murieron mis padres y hermana, como así también todos los integrantes del otro auto, todos en el momento. Yo tenía 15 años.

Fui dada por muerta y me dieron de baja en la obra social al saber la noticia que salió en todos los medios, pero luego en la morgue se dieron cuenta de que estaba viva y fui trasladada al Hospital de Berisso, donde me salvaron la vida.

Fue un milagro donde quienes donaron sangre fueron hacedores del mismo, además de médicos y enfermeras que me cuidaron ya que estaba completamente sola allí. Más allá de politraumatismos y la explosión del bazo, no tuve mayores problemas físicos.

Durante un tiempo me ocultaron la verdad hasta que cuando estuve fuera de peligro los doctores me dijeron qué pasó, ya que yo le escribía cartas a mis padres pensando que estaban en otros hospitales y la situación era insostenible. Cuando supe, lloré días y noches, y ahí solo quería escaparme del hospital para ir junto a mi abuelita que vivía en mi casa y estaba sola.

Me escapé con el padre de un compañero de colegio y me fui a mi casa. Desde ese momento estuvimos siempre solas las dos. Ella tenía 73 años y estaba muy mal físicamente, así que yo además de ir al secundario la cuidaba. Aprendí a cocinar, a limpiar, a hacer trámites, todo sola, y me equivoqué mucho. Tuve miedo, me faltaba la protección de mi papá Fernando que fue la pérdida que más sufrí. Pero seguí adelante.

Me enfoqué en el hecho que ninguno sufrió al morir y que tenía la vida por delante, en cuidar a mi abuela, en honrar la vida. Me apoyé en el arte, la música, recordar lo bueno. Terminé la secundaria abanderada, con las mismas notas de siempre. Me enfoqué en la vida, creí.

Me dejé llorar todo lo que necesité, grité de dolor, me ahogué, me retorcí y también morí con ellos pero volví a nacer diferente.

Hago hincapié en que “muero” con cada pérdida porque lo siento así. Nunca más volví a ser como era después de un dolor tan tremendo como varios que viví. Esa Norita murió ese 8 de febrero pero nació otra con una nueva vida, más dura y más difícil, pero mía, mi vida, la que tenía, mi realidad y tenés dos caminos… o quejarte y añorar lo que no tenés más o recordar lo bueno (llega un día que aprendés a recordar sin llorar) y seguir adelante con la segunda oportunidad que Dios te dio. Yo hice eso y siento que cada vez que renací lo hice mejor porque nunca falté a mis principios, siempre mejoro como ser humano y me pregunto si mis padres estarán orgullosos de mí.

Soy resiliente, pienso siempre positivo, veo lo bueno sin hacer esfuerzo. Estaba viva, con el cuerpo entero, con ganas de vivir. Tenía y quería hacer feliz a mi abuela que pobrecita perdió toda su familia también y solo me tenía a mí. Me da felicidad hacerles bien a otros.

No fue fácil, el tiempo ayuda a aprender a convivir con el dolor y uno aprende a vivir y no a sobrevivir.

- ¿En cuál de tus tantísimos trabajos sentiste que habías alcanzado tu sueño?

- En ninguno aún, pero sí fue un trabajo hermoso para mí actuar con Mirta Basso en los Árboles Mueren de Pie, de Alejandro Casona. Esa maravillosa actriz hacía el papel de la abuela en ese clásico maravilloso y yo era Isabel. En cada función volvía a decir la palabra “abuela” y revivir una situación hermosa con ella donde con la memoria emotiva me trasladaba a sentir a mi abuelita otra vez, lloraba como loca. Usé mi dolor para ese personaje y amé vivir esa historia durante un año y medio.

También adoré trabajar en radionovela donde mis padres eran Mabel Pesen y Miguel Jordán, a quienes adoro. Teníamos un programa con público internacional junto a mi querida amiga Ana Franco en radio El Mundo, con notas a artistas argentinos e internacionales y maravillosas radionovelas con primeras figuras como Santiago Bal, Hugo Arana, Pachu Peña, Ivo Cutzarida, Edgardo Moreira, Juan Acosta, Julieta Bal, Gustavo Guillén, entre otros. Ese fue un gran trabajo. Espero crecer cada día… aún falta lo mejor.

- ¿Qué amigos entrañables tenés dentro de la profesión?

- Sí, tengo muchos muy buenos amigos en el medio, gracias a Dios soy una persona cero conflictiva, no genero problemas ni líos, soy buena compañera, transparente. No soy competitiva y eso hace que me quieran, me llevo bien con todos y yo los quiero más a ellos porque además de mis hijos son mi familia, mis amigos. Tengo muchos amigos actores, actrices, periodistas, camarógrafos, etcétera. Hablamos todo el tiempo y nos acompañamos mucho en la cuarentena.

- ¿Qué proyectos tenés entre manos?

- Proyectos teatrales para temporada, empezar con las grabaciones de la serie Buenos Aires Bz, debo viajar a Madrid por temas laborales, conducción de un programa de belleza y estética que estamos hablando. Además, tengo unas propuestas como modelo que acepté después de muchos años y generando siempre cosas, nunca parar.

- ¿Qué sentimientos te unen a Córdoba?

- Amo Córdoba. Tuve la oportunidad de conocer Villa Carlos Paz cuando fui hace dos años con un actor muy famoso con quien salí un tiempo. Me pareció un clima ideal, las sierras, el dique, la gente. Comida deliciosa. La noche hermosa, familiar, llena de teatros y luces. El Teatro Candilejas, donde él hacia su obra, me pareció increíble y pude disfrutar de Brujas en su nueva versión. Pasé unos días divinos y volvería muy feliz, ojalá a trabajar.

- ¿Qué sueños te quedan por cumplir?

- Muchos, todos, ver felices a mis hijos, ver feliz a la gente que amo. Volver a encontrar al amor real y concreto, el de mi vida, ésta que estoy viviendo ahora. Viajar, hacer que valga la pena todo. Terminar un tema personal que me tiene mal hace tiempo. Sueño viajar al sur a la ruta de los Siete Lagos y traerme una piedra violeta, sueño con pintar en Madrid un cuadro en un bar por las callecitas de Malasaña… sueño con una vida linda, llena de sol y empezar a cosechar todo lo bueno que sembré. Sueño decir: valió la pena todo lo vivido, volvería a pasarlo, a vivirlo, si sé que llego a este momento. Sueño con tatuarme: “Nunca me rendí” cuando lo logre. Todo eso y más.

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