Provincia de Buenos Aires
El país de la joda

José C. Paz, la tierra narco de Ishii: una ambulancia municipal "rescató" a un traficante que se escondió en casa ajena

Mario Ishii ya reconoció que salió a bancar a los que "venden falopa". Ahora una ambulancia rescató a un narcotraficante que era perseguido por las fuerzas de seguridad. (Dibujo: NOVA)

Un nuevo escándalo sacude a la gestión de Mario Ishii en José C. Paz, quien unos meses atrás quedó en el ojo de la tormenta tras la difusión de un video en el que se enojó con los ambulancieros que hacían paro a pesar de que él mismo los salió a bancar "cuando se mandan cagadas y me venden falopa".

Ahora, los móviles sanitarios vuelven a verse envueltos en una situación vinculada con el tráfico de drogas, algo que ya a las claras es moneda corriente en ese partido del conurbano bonaerense que Ishii maneja como un señor feudal.

Según pudo saber NOVA, un narcotraficante días atrás se metió en la propiedad de un vecino de José C. Paz cuando intentaba huir de la Policía.

La situación ya es dramática, pero lo que sigue es todavía peor: en un principio, el delincuente pidió a los moradores que estén tranquilos porque no les pasaría nada, a menos que decidan dar aviso a las fuerzas de seguridad que rondaban por el barrio en su búsqueda. Asimismo, no conforme con esto, el caco, que estaba en el patio, ingresó en la casa para corroborar que no haya nadie más en el domicilio.

Esta amenaza del narco de José C. Paz tampoco es lo peor de esta historia, porque falta que entre en escena la gestión Ishii en acción, porque el delincuente no emprendió el escape corriendo por las calles o invadiendo las propiedades linderas, sino que fue rescatado por una de las famosas ambulancias del municipio.

Sí, como salido de una película mafiosa, fue una ambulancia, ploteada con el nombre de la gestión de Mario Ishii la que sacó del lugar al narco en connivencia con dos policías corruptos que el intendente de José C. Paz tiene comprados para asegurar la impunidad de los delincuentes, y la suya, por supuesto.

Una verdadera vergüenza.

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