Sexo y erotismo
Mito

¿Existieron las Amazonas?

El mito de las Amazonas, construido por los griegos, ha trascendido los siglos hasta llegar a nuestro presente

Por Alberto Lettieri, especial para NOVA

El mito de las Amazonas o mujeres guerreras construido por los griegos ha trascendido los siglos hasta llegar a nuestro presente. Sin embargo, su existencia histórica siempre ha sido puesta en duda, aunque la fascinación que provocan las ha mantenido vivas en el imaginario popular y literario.

El sentido común las presenta como mujeres bárbaras, salvajes, que se amputaban uno de sus senos para mejorar su puntería al disparar el arco de a caballo. Se asegura que odiaban a los hombres, a quienes raptaban para reproducirse y luego los asesinaban brutalmente, y que eliminaban o castraban a sus hijos varones.

Presentadas como enemigas de Aquiles y de Hércules, sólo utilizaban a los hombres con fines reproductivos. En su vida habitual, eran lesbianas o vírgenes.

La historia no autoriza a pensar en que mujeres así hayan existido realmente. Pero, en cambio, estudios recientes han permitido confirmar la existencia de mujeres guerreras en las estepas rusas, mucho más humanas que las imaginadas por el mito griego.

La primera mención en un texto griego fue realizada por Homero en la Ilíada, quien les adjudicó la denominación de “amazones antianeirai”. Pero, curiosamente, no se trataba de un pueblo de mujeres, sino de una sociedad que llamó su atención por la existencia de una inusual igualdad y equilibrio entre hombres y mujeres.

Justamente esta paridad que resultaba tan extraña para la cultura griega fue derivando, con el paso del tiempo y a través de la tradición oral, en una construcción imaginaria de un pueblo compuesto exclusivamente por mujeres, con las características enunciadas anteriormente.

De este modo, en perspectiva histórica, resulta posible hablar de tres clases de Amazonas: 1) las guerreras a caballo de las estepas, que compartían sus actividades en un plano de igualdad con los hombres; 2) las amazonas mitológicas construidas por la tradición oral griega -Hipólita, Antíope o Pensilea-, inspiradas en las anteriores, que finalmente terminan siendo vencidas en todas las narraciones –muertas o apresadas-, con un alto voltaje erótico y destreza y habilidades guerrera; y 3) otras mujeres que nos relatan tradiciones no griegas, ubicadas geográficamente entre el Mar Negro y la China, que aparecen en leyendas egipcias y persas, a las que si bien se les atribuyen grandes méritos guerreros, no sometían y asesinaban a sus hombres, sino que eran reconocidas por sus pueblos como heroínas victoriosas.

Los estudios arqueológicos realizados para el caso de las mujeres nómades de las estepas permiten confirmar que realizaban las mismas actividades y prácticas que los hombres. Ambos se tatuaban la piel de manera similar, sus ajuares funerarios presentan una gran provisión de armas y los cuerpos presentan las mismas señales de violencia, propia de la actividad guerrera y la vida transhumante. Hombres y mujeres utilizaban la misma vestimenta, que incluía pantalones de lana para protegerse de las bajísimas temperaturas.

Si bien estas mujeres eran amantes intensas y apasionadas, y no conocían estructuras institucionales asociadas al matrimonio, lejos estaban de eliminar a sus parejas sexuales masculinas o de practicar exclusivamente el lesbianismo. Los hombres y mujeres de estos pueblos desarrollaban sus vidas en común en un plano de igualdad que no sólo causaba extrañeza entre sus contemporáneos, sino que también lo haría en las sociedades actuales, incluso en las más avanzadas.

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