Sexo y erotismo
Prácticas milenarias

Nisroch y Kenel, las divinidades asirias de la sexualidad festiva y transgresora

  • Nisroch y Kenel siguen siendo consideradas como las divinidades que protegen e inspiran las orgías, los amores ilícitos y las prácticas sexuales no convencionales.
    Foto 1 de 3
  • Nisroch y Kenel siguen siendo consideradas como las divinidades que protegen e inspiran las orgías, los amores ilícitos y las prácticas sexuales no convencionales.
    Foto 2 de 3
  • Nisroch y Kenel siguen siendo consideradas como las divinidades que protegen e inspiran las orgías, los amores ilícitos y las prácticas sexuales no convencionales.
    Foto 3 de 3

Por Alberto Lettieri, especial para NOVA

Internet ha devuelto la popularidad a un antiguo Dios Mesopotámico, de cabeza de ave, musculoso cuerpo humano y potentes alas. En una mano portaba una bolsa con agua bendita. En la otra, una simple piña, con la que esparcía el líquido entre los fieles.

A diferencia de otros dioses que fueron creados como tales, Nisroch fue, en sus orígenes, un demonio de segundo orden, según nos cuentan las tablillas de adobe asirias. En realidad, no era más que un sirviente de Nusku, el Dios del Fuego y de la Luz, y su cometido principal consistía en inspirar los apetitos sexuales desenfrenados de quienes ofendían a su amo. Lo más común era que alentara la práctica del incesto, que en el caso de los hombres se compensaba con una multa y, en el de las mujeres, con la ejecución.

Pero había otra faceta de Nisroch, que fue la que, a la postre, terminó posibilitando su ascenso dentro del Panteón Mesopotámico, ya que era invocado para el éxito de las orgías, muy populares por entonces.

Nisroch tenía una esposa, la diablesa Kenel, confesa adicta al sexo con humanos y famosa por su inacabable creatividad sexual. Nisroch y Kenel, además, practicaban el voyerismo, realizaban orgías, tríos, cuartetos y una amplia gama de prácticas sexuales que conocemos sólo de manera fragmentaria.

Para los asirios, la sexualidad variada no tenía nada de condenable. Muy por el contrario, la iniciación sexual de las mujeres consistía en que al comenzar a menstruar debían concurrir a las escalinatas del templo, donde se prostituían a cambio de una moneda de oro.

Con el paso del tiempo, y el éxito de las orgías y prácticas sexuales que se realizaban bajo su advocación, Nisroch se fue desembarazando de su condición de sirviente diabólico de Nusku, para convertirse en Dios del Sexo y el desenfreno. A tal punto ascendió dentro del Panteón Mesopotámico que los judíos, al llegar a Babilonia, creyeron que era uno de las principales divinidades asirias, y así o consagraron en el texto bíblico. Allí se cuenta, por ejemplo, que el Rey asirio Senaquerib fue asesinado en el “templo de Nisroch” en Kalhu. Los estudios arqueológicos demostraron 2500 años después que dicho templo, en realidad, había sido levantado en homenaje a Ninurta, el Dios del Agro y de la Guerra.

Pero como todo tiene un final, y a menudo desagradable, Nisroch experimentó un cambio drástico en sus atribuciones cuando los asirios declinaron, y fueron sucedidos por los caldeos. Mucho más interesados en la asociación del sexo con la reproducción –por influencia de los judíos trasladados por la fuerza a Babilonia-, la naturaleza lúdica y sexual de Nisroch se extinguió, al volver a su condición de sirviente original. Pero ni siquiera volvió a ser considerado un demonio, sino simplemente como el jardinero de Marduk e Ishtar.

Sin embargo, la fama de la creativa pareja desenfrenada compuesta por Nisroch y Kenel consiguió superar la condena del disciplinamiento moral que le impusieron los caldeos, asirios y, hasta el día de hoy, la demonografía sigue considerándoles como las divinidades que protegen e inspiran las orgías, los amores ilícitos y las prácticas sexuales no convencionales.

Lectores: 1130

Envianos tu comentario