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La CGT exige una gran PASO del peronismo mientras dilata la convocatoria a un paro general

Desde la CGT hacen fuerza para que se una el arco opositor peronista. (Dibujo: NOVA)

Por Alberto Lettieri, especial para NOVA

No es habitual que los miembros que conducen la CGT hagan declaraciones político-partidarias. En general, su estrategia ha sido el silencio, las declaraciones moderadas y la tolerancia respecto de las políticas del Gobierno Nacional.

Pero los tiempos electorales se van acelerando, mientras el malestar social inunda las calles y los más diversos espacios sociales de la Argentina. La gravísima crisis actual atraviesa el tejido social, y cada vez se hace más evidente la exigencia de acciones concretas para defender el salario y los ingresos de las grandes mayorías argentinas.

Sin embargo, la dirigencia de la central obrera continúa reticente a convocar a un paro general, con el argumento de que "una gran porción de trabajadores no quiere una medida de fuerza general porque no quiere que le descuenten presentismo y otros beneficios salariales que impactan en el sueldo a fin de mes." (Carlos Acuña)

La movilización del jueves pasado puso en jaque a los dirigentes, que optaron por armar su propio acto para evitar confrontaciones indeseables. Por cuánto tiempo conseguirá eludir la presión de los trabajadores nucleados en las CTA y el moyanismo es algo difícil de pronosticar, sobre todo cuando la asistencia a las protestas y manifestaciones de amplios sectores sociales –jubilados, desocupados, trabajadores en negro, movimientos sociales y culturales, etc.- resulta cada vez más evidente.

Tomando distancia de las luchas históricas del pasado, la conducción de la CGT parece volcar todas sus expectativas a las elecciones presidenciales del mes de octubre, y al eventual recambio de autoridades que ellas pudieran deparar.

Días atrás, Héctor Daer salió a la palestra para reclamar un “esfuerzo” para conseguir la unidad del peronismo a Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa y Roberto Lavagna y derrotar en las urnas al gobierno de Mauricio Macri.

Ayer salió a hablar otro los dirigentes de la CGT, Carlos Acuña, quien insistió en la misma línea argumental: "Quiero una PASO con Cristina, Massa y Lavagna. Es el momento oportuno de lograr la unidad entre todos, más allá de las ambiciones personales".

Acuña lamentó la "tozudez" del Gobierno Nacional y concedió que esa actitud justificaba "discutir un paro general". Sin embargo, aclaró que una decisión de esa magnitud no deberá tomarse a locas y a ciegas, sino que deberá ser tomada por "la CGT orgánicamente".

Sin embargo, declinó dar más precisiones al respecto. Está claro que el triunvirato no quiere avanzar en la política de confrontación sin una sólida red política que acompañe un cambio drástico de su estrategia conciliadora, sobre todo cuando las exigencias del FMI de una reforma laboral regresiva y de una profundización del ajuste penden como una espada de Damocles sobre la cabeza de los trabajadores.

Pero también tienen en claro que su actitud negociadora ha afectado sensiblemente su prestigio y que corren el riesgo de ser desbordados por las bases. Sobre todo, cuando las organizaciones más combativas están considerando un paro general para las próximas semanas, y sus planteos dilatorios apuntan a señalarlos como los responsables de una eventual fractura del colectivo de los trabajadores organizados.

En síntesis, la CGT reclama unidad a la oposición, mientras que la oposición reclama la unidad en la acción del movimiento obrero. Todos miden los tiempos y los movimientos como en una intrincada partida de ajedrez, mientras que el malestar social se extiende y pone en cuestión los liderazgos políticos y sociales.

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