La historia viviente
El General en su Laberinto

El retorno de Perón, Capítulo final: de la caída en 1955, a la tragedia en Ezeiza con 18 años de proscripción

Casi dos décadas de proscripción debió resistir Juan Domingo Perón hasta volver a la Argentina.

Por Julián De Martino, de la redacción de NOVA

El golpe de 1955, impulsó el decreto 4161, sancionado por el general Pedro Eugenio Aramburu, que prohibía nombrar a Juan Domingo Perón, a Eva Duarte, así como cualquier mención referida a la ideología peronista. De todos modos, no se pudo evitar un cambio en la generación de jóvenes en el movimiento obrero, influenciados por la Revolución cubana, y se fue gestando lo que se llamó “La Resistencia”

En 1957, cuando se propone derogar la Constituyente de 1949, en el plebiscito ganan los votos en blanco, aunque Perón, desde exilio, había mandado a votar en contra de esa reforma. Lo que se logró fue un quiebre en el radicalismo entre la UCR del Pueblo y la UCR Intransigente, Ricardo Balbín por un lado y Arturo Frondizi por el otro, y ahí comienzan las primeras negociaciones.

Desde el exilio, se llevaron a cabo distintas negociaciones mediante delegados que, a pesar de las voluntades de muchos dirigentes peronistas de la época, se estiraron demasiado en el tiempo y para el retorno hubo que esperar casi dos décadas. Uno de ellos era John William Cooke, quien fue designado como apoderado del Movimiento Nacional Justicialista.

En 1958, se firma el pacto mediante la representación de Cooke, que llevó a Frondizi a ganar las elecciones con el apoyo de los votos peronistas. Sin embargo, el presidente electo mantuvo la prohibición y no dejó regresar al país al General, por lo que, al poco tiempo, se publicó el texto que se había sellado y que el dirigente radical incumplió, por lo se rompió ese acuerdo, y terminó siendo un punto clave en la historia.

Sobre aquellos años, Oscar “Cacho” Castro, un dirigente histórico recuerda que “acá en La Plata siempre fue un foco muy grande del peronismo duro, toman el regimiento y hacen una revolución. Fue en el único lugar que triunfó, pero era una revolución cantada. Siempre se creyó que Perón iba a volver enseguida, pero tardó 18 años”.

A este respecto, Castro, sostuvo que ante esta traición por parte de Frondizi “el peronismo más se endurecía y eso fue alimentando el crecimiento de la resistencia". Asimismo, expresó que “había gente de primera línea del peronismo que los fueron matando a todos. Estaba Montoneros, por un lado, yo fui el primero de La Plata integrado a la organización”.

"Nos vamos juntando y empieza a haber conflictos. Era una organización muy cerrada y podría decirse que era de extrema derecha. Las unidades básicas de combate se llamaban San Martín, Belgrano, Rosas. Eran todos tipos netamente nacionalistas, y de izquierda no había ninguno. La organización cambia el día que asume Héctor Cámpora, ya se empieza a hablar ahí que las organizaciones tenían que ser transversales", recordó “Cacho” Castro de aquella época.

La división interna

Mientras una de las facciones continuaba con la doctrina con la que había nacido el movimiento justicialista, la otra vertiente pretendía asumir una representación sin la venia de Juan Domingo Perón. Así fue como nació la corriente denominada “peronismo sin Perón”, que inicialmente fue conducida y fundada por un ex abogado sindical, Juan Atilio Bramuglia, con la creación del partido Unión Popular.

Uno de los representantes de renombre y más controvertidos fue el sindicalista del gremio de los metalúrgicos Augusto Timoteo Vandor, quien fuera asesinado en el año 1969 de cinco disparos en un atentado en su oficina. Años después, la organización guerrillera "Ejército Nacional Revolucionario" se adjudicó el homicidio en un operativo que llevó el nombre de "Operativo Judas".

El historiador Alberto Lettieri destacó que “los modelos culturales eran distintos, unos eran cristianos o católicos y otros eran ateos. Unos pensaban que la manera era a través de las elecciones y otros pensaban que era a través de la lucha armada, porque unos se asociaban con Cuba y otros con un ideal de occidente. Lo único que los articulaba era el nombre de Perón”.

Esta misma división, varios años después, terminaría en un enfrentamiento sangriento cuando esperaban por el regreso de su conductor. Este episodio se denominó la “Masacre de Ezeiza”, por un tiroteo en la Autopista Ricchieri que dejó varios muertos y heridos. Luego, en el último discurso de Perón, se llevaría a cabo el quiebre con Montoneros, al llamarlos “imberbes”.

El primer interno

El 9 de junio de 1956 fue la primera insurrección, para desplazar del poder a los usurpadores, para impulsar la vuelta de Perón. Sin embargo, la organización fue deficiente y no lograron identificar a algunos infiltrados, por lo que las acciones resultaron escasas y poco eficientes. Ese fue el primer intento para lograr un retorno que se cristalizaría varios años después y en medio de una gran escalada de violencia.

Las localidades de Lanús y José León Suárez fueron las elegidas para llevar a cabo esos fusilamientos, del que fueron víctimas quince militares sublevados, incluido Juan José Valle, quien había iniciado el levantamiento con la intención de derrocar a la dictadura gobernante y 18 civiles.

Uno de ellos fue Rolando Zanetta, quien fue tiroteado en un primer momento mientras iba a bordo de un auto junto a su chofer y finalmente murió fusilado el 12 de junio de 1956 a los 36 años. Su hija Graciela Zanetta recordó que “era un cuadro peronista y eso significaba que era pasión y mística. Nunca ocupó cargos públicos, se los ofrecieron en dos oportunidades y nos las aceptó”.

En sintonía, sobre su padre, destacó que “era un apasionado, el 15 de diciembre de 1955 cae detenido y lo llevan a Olmos, que había un sector para presos políticos. Durante ese tiempo, con mi madre le llevábamos la comida y ropa limpia todos los días. A mí, que tenía 11 años, me revisaban hasta la entrepierna, sin piedad”.

Durante esas jornadas, se produjo también el fusilamiento del Teniente Coronel Oscar Lorenzo Cogorno el 11 de junio de 1956 y el Regimiento 7 de Infantería fue bombardeado. Su hijo, Guillermo Cogorno comentó que “si hubieran existido las comunicaciones, hubiera sido otra cosa. Cuando toman el Regimiento de 7 de Infantería, el único que estaba adentro era el Capitán Morganti, el resto de los que estaban comprometidos se terminaron yendo”.

Los dos retornos y la tragedia

Tras varios años de proscripción, y luego de arduas negociaciones con Alejandro Agustín Lanusse, Juan Domingo Perón retornaba al país el 17 de noviembre de 1972 tras casi dos décadas de exilio y luego, al año siguiente, se llevaría a cabo el regreso definitivo del General.

Entre medio de esas dos fechas, se logró levantar la prohibición de la participación del Partido Justicialista en las elecciones, triunfando el 11 de marzo de 1973 Héctor Cámpora con casi el 50 por ciento de los votos. Sin embargo, estuvo al mando del país durante 49 días, renunciando a su cargo el 13 de julio, con la premisa de realizar las primeras elecciones sin proscripciones desde el golpe militar de 1955.

En el primer regreso, en 1972, Perón estuvo acompañado por varios dirigentes y su estadía duró nada menos que 27 días, en los que estuvo alojado en la residencia de Gaspar Campos, en Vicente López. Pero por negociaciones que no pudieron finiquitar y llevar a buen puerto, volvió al exilio y desde España planificó su vuelta definitiva.

En este sentido, cuando aún no había pasado un mes de la asunción en la presidencia de Héctor Cámpora, el 20 de junio de 1973 se produjo una movilización que marcó un antes un después en la política nacional, por la cantidad de los manifestantes que se agolparon en la Autopista Ricchieri para recibir al General, y porque terminó siendo una jornada trágica.

Largas columnas de agrupaciones y militantes, con banderas que los identificaban, desde Montoneros, la JP, pasando por las FAR y algunos gremios. Sin embargo, con el único objetivo de lograr la legitimidad de Perón, cada fracción sintió que era el momento justo para que su conductor eligiera cuál de esos dos bandos era el que más lo representaba. Y esa intención concluyó convirtiéndose en una batalla campal.

El episodio que decretó el regreso definitivo de Peróna, terminó siendo catalogado como “La Masacre de Ezeiza”, con una matanza entre dos facciones, despertando las más extremas diferencias entre la izquierda y la derecha peronista. Mientras se esperaba que aterrizara el avión en el que viajaban el presidente Cámpora, junto al General, comenzó una tremenda balacera, y fueron varias horas de corridas, cruces y tiroteos.

La ruptura final entre Perón y movimientos armados se consumó el 1 de mayo de 1974 en Plaza de Mayo, cuando las organizaciones de la izquierda peronista intentaron desafiar a su conductor bajo un cántico: “¿Qué pasa general que está lleno de gorilas el gobierno popular?” y, en medio del discurso, el presidente le devolvió unos epítetos que quedaron en la historia al denominarlos “imberbes”.

Luego de esas palabras hubo algunos movimientos en el público, y varias personas comenzaron a retirarse de la plaza. Eran los Montoneros, que se habían sentido identificados por las acusaciones de Perón, mientras desde el balcón se escuchaba al presidente decir que se venían días de liberación "también de estos infiltrados que trabajan adentro, y que traidoramente son más peligrosos que los que trabajan desde afuera”.

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