Sexo y erotismo
La historia de la realeza

Los Borbones Españoles: bisexualidad, adicciones sexuales y cine porno

Los Borbones Españoles, protagonistas del lado B de la Historia que ha quedado excluida de los textos.

Por Alberto Lettieri, especial para NOVA

Tradicionalmente los relatos históricos han sido aburridos, plagados de fechas y de datos sin mayor interés, cuyos protagonistas eran presentados como estatuas de bronce, desprovistos de sentimientos, pasiones y adicciones.

Ya desde hace tiempo hemos dejado de escribir de ese modo, que más bien tenía como función ahuyentar a los lectores antes que interesarlos en el conocimiento del pasado. Sobre todo, cuando el pasado, lejos de resultar aburrido o insulso, ha sido habitualmente apasionante.

Detengámonos sino en el caso de los Borbones españoles, en esta ocasión en el grupo que ejerció la monarquía entre 1850 y la Guerra Civil (1936-1939).

El 28 de noviembre de 1857 nació el futuro Rey Alfonso XII. El Palacio Real era un hervidero de figuras relevantes, escaladores sociales, curiosos y periodistas. Sólo faltó alguien cuya presencia se descontaba: Francisco de Asís, esposo de la flamante madre, la Reina Isabel II. ¿La razón? Era vox populi en España que Francisco no era el padre biológico del recién nacido. Más aún, todo el reino atribuía la paternidad del niño a uno de los amantes de la Reina, el aristócrata valenciano Enrique Puigmoltó.

Isabel II tenía fama de mujer ardiente, ya que se le contabilizó más de una docena de amantes, lo cual le valió cierta fama de inmoral. Pero su marido no le iba en zaga, ya que tampoco se esforzaba por ocultar sus permanentes escapadas que incluían a señoritas de diversas clases sociales, y al aristócrata Antonio Ramos Meneses. Como muchos otros y otras en la católica España, el príncipe consorte era bisexual.

Hoy calificaríamos a la relación entre Isabel II y Francisco de Asís, tal vez, como “poliamor”. Por entonces se utilizaba el adjetivo descalificador de “promiscuos”. Todo cambia.

Lo que más llamaba la atención del comportamiento de la pareja reinante era su total despreocupación por mantener su intensa vida sexual en secreto. En la Corte prácticamente no se hablaba de otra cosa, y, por si fuera poco, muchísimas publicaciones de la época fueron redactadas a partir de sus experiencias. A tal punto que quedarían inmortalizadas en una colección de Láminas Satíricas que llegó a sumar 89 escenas de sexo real explícito, cuyos protagonistas eran nada menos que Isabel y Francisco. ¿Cuál era su título? Los Borbones en pelota.

Los autores de tan singular publicación habrían sido nada menos que los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer. Si, el mismo que se lamentaba a través de su poesía: “Ni se tampoco en tan terribles horas/en que pensaba o qué pasó por mí/sólo recuerdo que lloré y maldije/y en aquella noche, envejecí”, y que, de a ratos, abandonaba su pluma romántica para dar rienda suelta a sus fantasías sexuales, generosamente “ratoneadas” por la pareja real.

Esta colección circulaba en secreto con las precauciones del caso, y recién sería objeto de publicación industrial en la década de 1990.

Siguiendo el ejemplo de sus liberales padres, como corresponde a todo hijo bien nacido, Alfonso XII -el niño nacido en aquella jornada de 1857 que terminó siendo la comidilla pública de toda España durante años- no tuvo nada que envidiarles. A los 21 años se casó con una prima, María de las Mercedes, pero quedó viudo a los cinco meses. Al año siguiente volvió a contraer enlace.

El duelo no le duró mucho, ya que intentó ahogar su dolor en una ajetreada vida sexual que retomó cuando el cadáver de su primera esposa estaba aún caliente y no abandonó hasta el momento de su fallecimiento, con sólo 27 años, en 1885. Era común la afirmación de que toda España había pasado por la cama real, lo cual no sorprendía mayormente a nadie, y así conoció a quien se convertiría en el centro de sus desvelos: Elena Sanz, una soprano 13 años mayor, con quien tuvo 2 hijos por fuera del matrimonio.

El heredero del reino sería Alfonso XIII, descendiente póstumo ya que nació 6 meses después de la muerte de su padre. El nuevo monarca fue un digno heredero de su padre y de sus abuelos, ya que sintetizó todas sus promiscuidades, amoríos y adicciones sexuales. El nuevo rey fue una especie de todoterreno. Sus amantes se contaban por decenas y sus escapadas clandestinas durante la década de 1920, para participar de fiestas en clubes y orgías en domicilios privados, lo convirtieron en una verdadera leyenda viviente. Además, consiguió duplicar la gesta de su padre, al sumar 4 hijos ilegítimos más o menos “oficializados”.

Alfonso XIII fue un amante de las innovaciones tecnológicas, en particular del cine, y pronto se reveló como un ferviente adicto a la pornografía. A punto tal que, por intermedio del Conde de Romanones –su amigo de confianza- contrató a dos de los pioneros de la cinematografía española, los hermanos barcelonenses Ramón y Ricardo de Baños, para la realización de una serie de películas XXX. El propio rey se encargaba de escribir los guiones, pero se reservó la exclusividad de acceso a las mismas.

Los guiones tenían la característica de combinar un reparto de mujeres jóvenes y hombres maduros, que desempeñaban papeles de sacerdotes, médicos, militares, ministros o embajadores. La proclamación de la República, en 1931, con el obligado exilio del rey, motivó el extravío de varias de estas creaciones. Las que consiguieron sobrevivir fueron destruidas casi en su totalidad por el Régimen de Francisco Franco, al ser consideradas por la jerarquía eclesiástica católica como “amorales, perversas y demoníacas”.

Algunos fragmentos de la obra de este visionario del género porno –apenas de tres películas- consiguieron ser salvados, y han sido restaurados por la Filmoteca Valenciana.

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