Cómics e Historietas
Historieta independiente

Charla con Julio Paz, guionista y profeta del cómic indie en tierras ajenas

Julio Paz y Vadalá es un guionista que publica sus historias en pequeñas editoriales independientes del Reino Unido, Estados Unidos, Paraguay y Colombia.

Por Ariel Avilez (*), especial para NOVA

En cierto modo representante de un grupo de historietistas que por una cuestión etaria no ha podido madurar al calor de las grandes editoriales productoras de historietas que tuvo nuestro país durante décadas (llámese Columba, Récord, Ediciones de la Urraca), Julio Paz y Vadalá es un guionista que, aprovechando las posibilidades que brindan Internet y las redes sociales, viene publicando sus historias en pequeñas editoriales independientes del Reino Unido, Estados Unidos, Paraguay y Colombia.

Son otros tiempos, otras metodologías de trabajo y otras maneras de expresarse a través de la historieta. Y entre cerveza y cerveza, mientras se desata el Diluvio Universal en el barrio de Retiro y el calor afloja un poco, Don Julio nos cuenta de qué va la cosa que, por lo novedosa, resulta más que interesante. Pero antes, hace memoria para compartir un par de datos de Registro Civil, año y lugar de nacimiento, para empezar...

“Uh, fue hace mucho... 1970, en Villarino, un pueblito más abajo de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires. Y después, por trabajos de mi papá, empezaron las mudanzas y caí en La Matanza, Ciudad Evita; y ahora vivo en Lomas del Mirador”, detalló.

- ¿Cómo fue su aproximación a la historieta?

- Cierta vez estaba enfermo, y estaba muy molesto... Mi papá fue a un kiosco, compró revistas -agarró un par que eligió por los dibujitos- y pensó: "Así las lee y se calma". Y lo que me compró fue "El Tony", las revistas "Batman" de Novaro, y unas de "Flash Gordon" de una editorial española. Y ahí empecé a leer cómics. Me llevaban a locales de canje, luego empecé a ir por mi cuenta.

- ¿Qué era lo que le gustaba leer de pibe?

- Lo primero que leí con atención (no entendía lo que era pero me tenía con los ojos abiertos) fue en 1980, en la época de "El Planeta de los Monos", la revista se llamaba "Kamandi", que era el último humano sobreviviente consciente sobre la Tierra, y se desarrollaba en el futuro. Y yo quería saber qué era eso.

Otra historia que me llamó la atención fue una de la editorial Vértice: "Los Defensores" peleando contra un demonio; y como complemento, "El Hijo de Satán". Eran las revistas de Marvel en los 70 que incursionaban en el terreno del terror, como "La Tumba de Drácula", "El Hombre Cosa" y "El Motorista Fantasma". Así empecé a leer, inundado de revistas viejas que se compraban muy baratas pero que me dejaban con las ganas de saber cómo continuaban... y empecé a hacer historietas tratando de imaginar cómo era que podían terminar las historias. Años después conseguía las revistas con las conclusiones y no, nunca le acerté (risas).

De todos modos ahí surgió mi interés por el guion. Y ya entrada la década del 80, con todo el aluvión de los guionistas ingleses -Alan Moore, Grant Morrison, Peter Milligan, Jamie Delano-, creció mi interés por la historia, no por los personajes; vi que con el mismo personaje se pueden contar otras cosas. Empecé entonces a escribir para mí. Y ya en 1997, 1998, por estar en la Asociación de Historietistas Independientes (AHI) -donde tenía la intención de aprender algo y no aprendí nada-, comencé a contactarme con mucha gente, aunque no tuve la suerte de enganchar algún dibujante y despertar su interés por dibujar algunos de mis relatos, que ni siquiera tenían el formato de guion.

- ¿Nunca sintió atracción por dibujar? Podría haberlas hecho usted mismo...

- No. Es que no sé dibujar dos cosas iguales. El del dibujante es un trabajo muy dedicado, requiere perseverancia... No sirvo para eso. Escribir es mucho más fácil. En el año 99 me acerqué a Comic Press, la editorial de Pablo Muñoz, y el hombre me mostró ahí en la oficina unas fotocopias de un guion de Robin Wood para que las lea -no para que me las lleve- y para que me adapte a ese formato; y eso me resultó muy útil para escribir mis guiones, aunque abandoné por un tiempo y sólo escribía ocasionalmente. Muñoz fue muy amable conmigo, un desconocido, y se lo voy a agradecer siempre.

Pasa que los talleres de historieta de aquella época estaban enfocados especialmente en el dibujo, no había talleres de escritura. Y en los talleres literarios, obviamente, no incluían lo que era el formato de guion de cómics; era sólo poesía, cuento, novela. Así que mi aprendizaje seguía consistiendo en leer historietas y estudiarlas.

- ¿A esa altura ya leía historietas nacionales?

- Solamente leía lo que me atraía, que era la Ciencia Ficción. Y leí a Ricardo Barreiro, a Alfredo Grassi en la "Tit Bits", que era el que más me sorprendía y que escribía un montón de géneros; de Robin Wood leí "Mark", que me impactó con ese ambiente futurista y el tipo luchando con mutantes; y leí a Oesterheld, claro.

- Si tiene que mencionar un guionista que tenga como modelo o referente ¿Cuál sería?

- Oesterheld, que siempre asombra. Reeditaron hace poco un compilado de un montón de cuentos suyos que se llama "Más allá de Gelo"; son de ciencia ficción, y los comparo con otros escritores que leo: Alfred Bester, Philip K. Dick... Es ese tipo de ciencia ficción que no se trata sólo de naves espaciales, sino que gira en torno a cómo puede interactuar y reaccionar una inteligencia extraterrestre con el hombre; es más antropológico. Y eso es a lo que yo apunto.

- ¿Tuvo muchas publicaciones en el país?

- A fines de los 90 participé en un taller itinerante de historietas organizado por dos señores de Tandil: Ricardo Garijo -un dibujante que laburaba para la Fleetway de Londres, haciendo especialmente bélicas- y Raúl Echegaray -guionista, ensayista, novelista-. Ellos decidieron ir a todos los municipios de la provincia de Buenos Aires, cuando el Secretario de Cultura era Piero; así que, cuando llegaron a San Martín, me anoté para el taller de guion. La idea era hacer en cinco entregas una idea más o menos desarrollada, y ellos te ayudaban a hacer el guion dibujado para que vos tuvieras la posibilidad de publicar en una antología que iba a reunir lo mejor del taller; así que ahí lo molesté a mi amigo, el dibujante Omar Pacino, y él hizo una historia que resultó premiada: esa fue mi primera publicación, en la revista "Historietas Bonaerenses"; lastimosamente, no conservo ningún ejemplar.

Lo más reciente fue el año pasado, a través de la editorial Perro Gris, que es de San Pedro; una editorial que originalmente organizaba talleres de escritura, talleres de lectura, pero que nunca había incursionado en el mundo del cómic. Y en "Distópica", una antología de ciencia ficción, me publicaron trabajos que ya tenía hechos; está "Espejismos del pasado" dibujado por Felipe Ávila -recientemente fallecido-, una que habíamos hecho pensando en colocarla afuera; también fue publicada "Mente de robot", dibujada por Elmo Rocko, que es además el portadista, y que está laburando un guion mío de cien páginas, una historieta de terror victoriano en torno a Houdini; la tercera historieta mía que aparece allí es "Humanizar", dibujada por Javier Casado, que además de escultor, al igual que Elmo es albañil.

- ¿En torno a qué giraban sus primeros guiones dibujados?

- Yo escribía ciencia ficción sin haber leído ciencia ficción. Quien me sugirió lecturas y autores fue un amigo de hace mucho tiempo, Iván de la Torre (autor del libro "100 Años de Historieta Argentina"). Había elegido -y lo mantengo ahora- el formato de lo que había sido "La Dimensión Desconocida": historias cortas que empiezan y terminan, como las de "2000 A.D.", es decir, cuatro o cinco páginas por historia, sin esperar una continuación, ser realista ante la dificultad; no sabía cuándo me podían terminar de dibujar un primer número, menos cuándo iban a comenzar con el segundo. Lo de las pocas páginas también sirve para enganchar al que colabora, que es el dibujante.

Yo tenía algo abandonada la escritura, y en 2016 me contacto por intermedio de Iván de la Torre con Rafael Theller, de Rosario, que estaba haciendo un cómic online, un cadáver exquisito; me pidieron que me encargue de las páginas 11 a 15 de una historia que estaba en proceso. Presenté mis cinco páginas, les gustó, las publicó en Facebook, y varios dibujantes comenzaron a hacer su parte. Y uno de esos dibujantes, Cristian Navarro, me preguntó si me animaba a escribir un guion corto de ciencia ficción, uno de terror y uno policial: los dos primeros se los hice, el tercero no, porque no es un género que me gusta; la cuestión es que a raíz de esto él me hace el contacto con la editorial WP Comics del Reino Unido, de Gales, que estaba recibiendo trabajos para una revista de antología que publicaba trabajos como los que yo hacía: historias cortas con no más de ocho páginas de extensión. Se manejan así: te piden un plot de unas cinco líneas, si te lo aprueban luego enviás una página y, si finalmente se editará, te piden el resto de la historieta.

Las redes sociales me permitieron conocer a dibujantes de afuera que entienden esta metodología de trabajo, y con quienes comenzamos a hacer cosas juntos; así conocí a César Eduardo, un dibujante del Paraguay con el que publicamos en Inglaterra, en papel y en formato digital. También me contacté con Juan Fleites, de México, y con unos chicos de las Islas Canarias, de España, con los que también publicamos.

En 2018 se amplió la cosa y tuve la oportunidad de publicar en "El Bachenauta", que es una revista de Paraguay, muy linda, una antología en blanco y negro; y también en una antología colombiana, "Rocco Comics". Aparte de esto, recientemente ubiqué en Norteamérica unos trabajos míos para formato digital.

- ¿Con qué géneros está trabajando actualmente?

- Siempre ciencia ficción o terror, pero me sale más fácil escribir ciencia ficción; y lo que uso mucho como recurso es tomar un tema de la religión católica e interpretarlo en ese género.

- ¿Tuvo algún problema por eso?

- Hoy no, pero hace veinte años, sí; es un tema tabú, algo que puede llegar a ofender. Pero no todo el mundo es católico; en Inglaterra son anglicanos, y ellos son muy abiertos a todo lo que es el tema de la religión y hasta puede ser tomada como ciencia ficción. Sí, hay temas que son tabú en todas las editoriales: te piden no tocar el tema de los abusos, de las violaciones; con eso son muy estrictos.

Y más abiertas son aún las editoriales independientes que publican online. Estas editoriales publican así a lo largo de los meses, pero a fin de año seleccionan lo mejor y lo sacan en papel.

- ¿Cómo vence la barrera idiomática para lo que publica en Inglaterra o EE.UU.?

- Yo no hablo inglés fluido, pero una amiga que se llama Mariana Suarez, que vivía acá en Argentina y se fue a Inglaterra, es quien me ayuda con las traducciones.

- ¿En qué está trabajando actualmente?

- Además de la historieta de terror de cien páginas que está dibujando Elmo Rock, también él tiene pendiente de dibujar seis guiones míos que giran alrededor de un tema que me propuso: historias cortas de terror y circo, explotando las posibilidades que te brindan la parte marginal del asunto combinada con el terror. Ya están escritas, ahora a él le toca lo peor.

- ¿Está conforme usted con las historias?

- Yo sigo escribiendo, nunca estoy conforme: lo que escribí ya lo deseché; no me gusta y ya empecé a escribir otra cosa.  A partir de la experiencia con Perro Gris, aprendí a no descartar ideas; sucede que hay algunas historias que por no tener mucha acción ni violencia, a algunos dibujantes no les atrae, así que comencé a escribir cuentos. Y en esta nueva experiencia, leyendo cuentos breves como los que quiero hacer, me reencontré con Neil Gaiman; y leerlo sirve para intentar aprender, tomar cosas de su estilo a la hora de hacer cuentos con las ideas que conservo en un cuaderno de historietas que no fueron.

- ¿Qué tiene proyectado a futuro?

- Continuar haciendo, continuar escribiendo, experimentar con historias más largas o quizá no tan breves, y explorar otros géneros más allá de la ciencia ficción y el terror: tengo mucho por aprender.  Escribo todo el tiempo, tengo ideas que quiero sacar de la cabeza para poder luego escribir otras; es también una forma de proyectar y descargar tensiones. Yo tengo otro trabajo, y escribir te da la gratificación de salir de lo cotidiano: a la persona que no podés matar, bueno, la matás en una historia (risas).

 (*) Redactor especializado en cómics.

Los trabajos de Paz que se publican en el exterior.
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