Cómics e Historietas
Historia viva de la historieta argentina

Entre "Mikilo" y "Jackaroe": una charla con Marcelo Basile, dibujante

Marcelo Basile, dibujante.

Por Ariel Avilez(*)especial para NOVA

Ya pasó enero, comenzó febrero pero todos agonizamos con los calores porteños, y sin embargo el talentoso dibujante Marcelo Basile llega impecable, puntual y de excelente humor a nuestra cita en el ya mítico Bar Centenario del barrio de Once. 

No me voy a deshacer en halagos para presentarlo a quienes no lo conocen, pero baste citar palabras textuales de quien sea tal vez el máximo de sus fans a la hora de describirlo: “Artista incomparable de trazo sublime, y referencia generacional”; con eso está casi todo dicho. Así que ya bien predispuestos, prestemos atención a lo que tiene para contarnos el último dibujante del recordado "Jackaroe" y el creador gráfico de uno de los últimos grandes personajes de nuestra historieta, "Mikilo". 

- ¿Recuerda -o le contaron- cuándo y dónde nació? 

- Nací en Lomas de Zamora, a mediados de los sesenta. 
 

- Le gusta la imprecisión. 

- (Risas) 26 de febrero de 1965. 
 

- ¿Y qué recuerda de sus primeros pasos hacia la historieta? ¿Las leía de pequeño o...? 

- No, la verdad es que llegué a la historieta porque me gustaba dibujar, no porque me gustase la historieta específicamente. Y quería ganarme la vida con un lápiz en la mano. Abandoné la Secundaria -estaba haciéndola en una escuela comercial- y después retomé con 18, cuando fui a Bellas Artes 


De chico dibujaba lo que se me venía a la cabeza, mi entretenimiento básico consistía en un papel y un lápiz. 

- ¿Hasta empezar Bellas Artes no hizo cursos de ningún tipo relacionados con el mundo del dibujo? 

- No... Después fui a la Escuela Panamericana de Arte, donde había cursos de historieta -que la vi como una manera de ganarme la vida dibujando-, y ahí fue cuando me interesé más en ese mundo. Era la época de Moebius, de (Richard) Corben, de "Heavy Metal"... Yo había consumido historietas de (Editorial) Columba porque mi viejo era lector de Columba; y me gustaban las historias, pero recién a los 18 las empecé a ver como una manera de ganarme la vida. Todavía no lo conseguí (risas). 
 
- ¿Cuándo comenzó a recibir dinero por dibujar? 

- A fines de los 80 comencé a trabajar como ayudante de "Chiche" Medrano y después recalé en lo de (Jorge) Zaffino, que fue mi gran fuente inspiradora; cuando vi sus trabajos, que excedían para mí el mero género porque él era un artista integral, decidí meterme de lleno en el cómic. 
 

- ¿Cómo hizo esa cadena? ¿Cómo llegó a Medrano y de ahí a Zaffino? 

- Había empezado a hacer Diseño Gráfico en la FADU, y a Chiche Medrano lo conozco a través de (Walther) Taborda, que estaba en la facultad conmigo y que ya trabajaba como ayudante de él. Medrano en aquella época tenía una especie de factoría de producción para Italia. 

Zaffino lo conocí a través de un aviso en el diario que él había puesto (risas), una cosa muy loca. Yo estaba en el estudio de Chiche, me enteré de la noticia muy lateralmente, agarré mis cosas y me fui corriendo para Corrientes y Uruguay, que era donde tenía su estudio en ese momento Jorge; y quedé. Ahí lo conozco a Sergio Ibáñez, que estaba también como ayudante de él, y lo conozco a Oscar Capristo; y ahí comenzamos una especie de trío para hacer los trabajos de Zaffino para Columba a mediados de los 80. 

- ¿Cuáles fueron? 

- Cosas muy feas, hoy vistas (risas). Pasa que Jorge estaba metido de lleno con su trabajo para afuera, estaba haciendo unas cosas maravillosas para Eura (Editoriale); 'Gardar', se llamaba, un trabajo que hacía con (Rogelio) Gallicchio (Eugenio) Zappietro. No se publicó ni en Italia ni en Argentina. 

Entonces yo comencé haciéndole el lápiz para sus historietas de Columba; 'Troels', más que nada, y algún que otro unitario. Y en ese momento Jorge empieza a trabajar para la editorial Eclipse de Estados Unidos, por lo que no le daba el tiempo para hacer todo, y nos derivó lo de Columba a ese equipo que ya te dije que se conformó (Capristo, Sergio y yo), pero siempre firmado por él. 

- ¿Zaffino supervisaba ese trabajo de ustedes? 

- Él no metía mano. Así quedaba ¿no? (risas). Salvo una que otra viñeta que a él le divertía hacer, no intervenía. Era una época de Columba muy laxa. 

Durante un breve período comienzo a firmar mis historietas, y luego entro a trabajar directamente para la editorial con 'Rey David', una miniserie escrita por Armando Fernández; estaba buena, era trabajo de una época formativa que quizá vista hoy a la distancia tenga ciertas deficiencias, pero... Y luego hice "Jackaroe". 

- "Jackaroe" es un personaje emblemático de Columba ¿Cómo llega a él? 

- No recuerdo muy bien, pero seguramente fue Claudio Columba el que me lo asignó, porque era el que en ese momento (1989) era el que manejaba todos los hilos de la editorial.

Me llamaron por teléfono, me preguntaron qué me parecía la idea -había que reflotarlo porque creo que (Gianni) Dalfiume ya no lo hacía más- y acepté. Los primeros guiones fueron de Ray Collins, pero luego se encarga (Ricardo) Ferrari, que le da una vueltita de tuerca, cosa que yo aprovecho para darle una vueltita de tuerca, también, pero desde el punto de vista gráfico para salir de lo que era hasta entonces.

Yo empecé a leer las historietas más viejas, el origen del personaje, y como vi que había sido soldado confederado en algún momento, le dibujo un sombrero sureño y un poncho negro que no recuerdo a santo de qué viene, pero que me servía para -como el personaje era muy misterioso- desde lo gráfico acentuar cierto misterio, aparte de que lo ayudaba a ocultar sus armas; tiene algo también del western spaghetti ¿no? Clint Eastwood con el poncho, todo eso. Tiene que ver con que quise volver al origen. Como te decía hace rato, era una época laxa de la editorial, en la que se podían hacer cosas... fue la última etapa, las guardias estaban bajas y se podía experimentar.

- ¿En esa época sólo trabajaba para Columba o comenzó también a meter algo en Italia, tal vez Estados Unidos? 

- No. Al mismo tiempo seguía ayudándolo a Jorge, y después trabajé con (Carlos) Trillo, haciendo una aventura que él empezó con (Guillermo) Saccomanno, fueron unitarios, pero la cosa duró muy poco porque pagaban demasiado bien ellos... Para la época, de hecho, se llevó a muchos dibujantes de (Ediciones) Récord para esa aventura, pero termino todo en corto tiempo.

Recuerdo que era para un editor de Milán que le había propuesto a Trillo sacar una revista, y como Trillo pagaba muy bien, mucho mejor que Eura, llevó a varios. Y después terminó fundiéndose, aunque al tiempo, por su calidad, Trillo y Saccomanno volvieron a Eura, pero muchos dibujantes no, entre ellos yo, aunque nunca había laburado para los tanos de modo directo. 

Para ese entonces, Zaffino termina su trabajo en Eclipse y empieza en Marvel con 'Punisher', y ahí empiezo a hacer todo lo que es fondos y a trabajar en equipo con (Silvestre) Szilagyi, que él hacía el plantado a lápiz; fue para la primera novela gráfica del personaje. 

- ¿Esto le sirvió para hacer contactos con gente del cómic yanqui? 

- No. Yo empecé a trabajar mucho después -firmando- para el mercado yanqui. Lo que sí, eso me sirvió para ver la forma de narración que querían los norteamericanos. 

- ¿Qué pasó cuando se cortó el tema Columba? 

- Bueno, ahí yo me abro. Hago un paréntesis y me abro del cómic y empiezo a trabajar en diseño gráfico, que era algo que también yo había estudiado. Comienzo a hacer ilustraciones para packaging, trabajando en el departamento de diseño de Arcor. Ahí es donde conozco a (Tomás) Coggiola, que tenía una relación parental política con Rafael Curci, que tenía en mente una historieta -de hecho ya había dibujado algo de ella- referente a los mitos y leyendas latinoamericanos: era el germen de 'Mikilo'. 

- Háblenos de esa época, por favor: ¿Cómo es que le ofrecen dibujarlo? 

- No me lo ofrecen. En realidad se armó un equipo. Coggiola trabajaba conmigo en Arcor, y Curci en el Teatro San Martín como dramaturgo y titiritero -de hecho, es un gran teórico del género de los títeres y ha escrito varios libros, es una referencia el hombre-; y Curci tenía la idea y tenía algo de plata ahorrada y tenía la intención de sacar una revista. 

Junto con Tomás, que era el que hacía los lápices, llevamos a "Mikilo" desde lo estético hacia lo superheroico para lograr que sea algo comercialmente más digerible. Porque si te ponés a ver cómo Adolfo Colombres -que es el antropólogo en el que está inspirado el medio hermano de Mikilo- describe al Mikilo, no tiene mucho que ver con lo que nosotros hicimos, quizá sí por las patas de gallo; pero en la descripción de Colombres, el aspecto de Mikilo es bastante poco comercial, así que nos tomamos ciertas licencias y lo recreamos desde el punto de vista gráfico. 
 

- ¿Tuvo que hacer mucho trabajo de investigación para dibujar todos los mitos con los cuales interactúa Mikilo? Estamos hablando de 1999. 

- Sí, bastante, pero Curci fue el que más aportó en ese tema porque es el que más clara la tenía; era una época en la que no existía Google, al menos no como ahora, entonces toda la referencia que teníamos era escrita. Y esa es una gran ventaja porque te da la posibilidad de recrear cosas desde el punto de vista gráfico con mucha más libertad. 
 

- ¿Cuánto tiempo estuvo trabajando en "Mikilo"? 

- Me acuerdo que me tomé unas vacaciones en mi trabajo -en las que no fui a ningún lado- y me dediqué a dibujar lo que fue el tomo uno. Lo hacíamos por amor al arte, claro; habíamos conformado una editorial que llamamos Tridente con la sola idea de publicarlo.

 

- La publicación tuvo muchos cambios de formato. 

- Sí. Era una época... Había que acomodarse a los precios del papel, de edición. Bue, acordate, estamos hablando de 1999, 2000 y 2001..: nos estábamos acercando a la debacle. De hecho, nos ayudó mucho un premio que ganamos, un subsidio del Fondo de las Artes, uno de los últimos actos de gobierno de (Fernando) de la Rúa antes de tomarse el helicóptero (risas), que nos permitió seguir publicando varios números más. Y así fue hasta que se terminó ese dinero y se terminó la editorial también, consecuencia de la crisis de 2001. 
Después Coggiola, cuando se establece más formalmente como editor, retoma y empieza a relanzar lo que había quedado. 

 

Coggiola y Ud. no fueron los únicos dibujantes de la serie 

- Después se incorpora Sergio Ibáñez, que para ese entonces ya era mi cuñado -yo me casé con su hermana-, y yo lo conocía muy bien, sabía de sus capacidades, y era un estilo que venía muy bien para hacer algunos episodios de 'Mikilo'. La idea era abrir el juego, llamar gente para que se incorpore al proyecto, hacer una especie de colectivo en torno a 'Mikilo' que difundiera todo lo que eran los mitos y leyendas de la Argentina; no queríamos encasillar al personaje en sólo tres personas, queríamos hacerlo más rico. De hecho, participó (Ariel) Olivetti en las portadas, Quique Alcatena... hubo muchos dibujantes, y un estudio de La Plata hasta hizo los preliminares para hacer un corto animado que, lamentablemente, nunca se hizo. 

 

- Está por salir una edición integral que recopilará en dos tomos todo lo hecho hasta el momento ¿Qué participación -aparte de lo ya dibujado, claro- tiene usted en ella? 

- Hice las portadas de los dos tomos. Es una buena idea porque te da un panorama más claro de lo que fue el proyecto, que en su momento tuvo bastante repercusión; no fue un éxito comercial pero tuvo mucha repercusión. 

 

- ¿Usted continúa haciendo historietas una vez que concluye "Mikilo" 

- No. Cuando yo termino de trabajar en Arcor porque me echan -tipo 2000, 2001- empecé a trabajar como ilustrador para ganarme el pan. Y después retomo la historieta recién en 2010, haciendo trabajos para Eura de Italia con guiones de Néstor Barron; yo estaba buscando laburo porque veía que el tema de la ilustración que yo estaba haciendo para packaging no daba para más, estaba agotado, porque venía una nueva tecnología que era la ilustración 3D, y el tipo de ilustraciones que yo hacía medio que estaba dejándose de lado e iba a tener que competir con gente que tenía que tenía mucho más claro el uso de esta nueva tecnología. Como me iba a ver complicado, decidí volver a mi viejo amor que era la historieta, y lo hice a través de Néstor Barron que estaba escribiendo ya para los tanos. Hicimos unitarios, y una miniserie que había dejado Taborda. Después, en 2014, comencé a trabajar para Estados Unidos. 
 

- ¿Ahí cómo llega? 

- Llego a través de búsquedas en foros de internet, de gente interesada de editoriales independientes en Norteamérica; un editor de Texas se interesó en mi trabajo, tenía un personaje, e hizo un crowdfunding, una campaña para conseguir fondos para editar, que anduvo muy bien e incluso estuvo nominada para un premio muy importante que lastimosamente no ganamos.  

 
Y después me conecto con Ed Lavallee, que es un editor de Kansas City, del sello Crash Comics, con el que hicimos 'Pop Star Assassin - (PSA)', que lo terminé justamente hace unos días, que son siete libros, una historia muy loca sobre un pasado apocalíptico en EE UU, bastante lisérgico. 

 
Trabajo actualmente con ellos -estamos preparando la continuación de 'PSA'- y trabajé también para otra editorial independiente -algo más establecida- llamada Zenescope, para la cual hice 'Peek-A-Boo' en 2018. 

- ¿Hizo alguna vez algo con guiones propios? 

- Hice un unitario, sí. Escribí una historia, se la pasé a Néstor Barron (guionista), y le dije 'reescribilo a tu manera' y me respondió 'no hay nada que reescribir, queda así'; y funcionó. Era una historia pequeña, la historia de un típico feriante norteamericano de esos que venden tónicos.

- ¿Eso no le dio ánimos para escribir otras cosas? 

- Es que no tengo las posibilidades: todo el mundo me ve como dibujante, y cuando ya te encasillan como dibujante... 

 
- Es como las chicas bonitas, lo valoran sólo por lo estético (risas) ¿Tiene pensado sacar algo acá? 

- Ganas uno siempre tiene, lo que pasa es que no hay... Existe el proyecto de un guionista que me pidió autorización con miras a publicar aquí cosas que hice con él para Eura/Aurea de Italia, pero no puedo decir mucho más al respecto, no sin su autorización. Deberíamos mandarle un mensaje y preguntarle a él (risas). 

 
 (*) Redactor especializado en cómics.

Obras del dibujante Basile.
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Marcelo Basile, dibujante.
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