Cómics e Historietas
Historia viva

Charlando con Gustavo Schimpp, guionista y editor de historietas

Gustavo Schimpp, guionista con más de tres décadas de trayectoria que agarró la última etapa de Columba y Record.

Por Ariel Avilez (*), especial para NOVA

Una tarde de verano nos encontramos con Gustavo Schimpp en el cada vez más comiquero Bar Centenario de Once, y cervezas de por medio recorrimos sus más de tres décadas como guionista de historietas, docente y editor.

Nacido en 1966 en Merlo, provincia de Buenos Aires, y aunque laburó en las clásicas editoriales Columba y Record, es de esos historietistas que publicaron el grueso de su obra en el exterior, y que recién en los últimos años están haciendo conocer sus trabajos aquí.
Invitados están, entonces, a conocerlo un poquito más.

— Leí y escuché en otras entrevistas que su carrera como guionista comenzó tras participar en un concurso de la Editorial Columba ¿En qué consistía?

— Fue en el año 86. Columba organizó un concurso festejando el 30 aniversario de la revista "D'artagnan", un concurso específicamente para guionistas. Se dividía en dos categorías: una para escritores profesionales, con material ya publicado; y otra para autores inéditos, que es la que me interesaba a mí con mis tiernos veinte años.
Yo participé con dos guiones.

— ¿Votaba el público o había un jurado dentro de la editorial?

— Había un jurado, sí. Lo integraban (Jorge) Vasallo, Antonio Presa y Manuel Morini; no recuerdo si había alguien más, pero esos tres nombres los recuerdo porque son las personas con las que me entrevisté después.

— ¿De qué iban sus historietas?

— Una fue de ciencia ficción, que se llamaba "Carne para perros", pero esa no ganó; veintipico de años después hice una remake de esa historieta y la dibujó Sergio Ibáñez para Italia. La otra historieta con la que sí gané obteniendo el segundo premio, se llamó "El hombre del traje gris" y la dibujó Ascanio; se publicó en una D'artagnan que tenía un Cosaco en la portada.

— ¿Tuvo alguna continuidad profesional dentro de Columba después de eso?

— Me habían ofrecido dos opciones: escribir para Robin (Wood)-que por lo que pude entender era la opción que elegía todo el mundo- pero yo elegí la opción más difícil en ese momento, que era la de firmar mis historietas. Entonces me pusieron bajo la tutela de Manuel (Morini) y me encargaron adaptar unas novelas, que era algo que estaba muy de moda: adaptar novelas, bestsellers de la editorial Emecé. Me dieron "Tie-Break" (de Ilie Nastase)

— ¿Se la publicaron?

— No. Nunca la hice en realidad (risas). El guión del primer capítulo lo debo haber hecho unas seis veces, y finalmente me di por vencido, esperé un par de años más, y me fui a trabajar a Ediciones Record.

— Qué loco ¿Pero a qué se dedicaba en esos tiempos, cómo se ganaba la vida? ¿En la editorial no le dijeron nada todo ese tiempo que estuvo preparando la adaptación jamás concretada?

— Yo en ese momento trabajaba arreglando fotocopiadoras. Y en la editorial estaba todo bárbaro. Fui, charlé con Manuel, hasta que un día dije "fue, no presento más" y mandé por medio de un cadete de la empresa en la que estaba trabando el libro que estaba supuestamente debí adaptar.

— ¿Usted había tenido una formación previa como guionista o ese primer guión suyo lo hizo de forma intuitiva?

— Un poco y un poco, porque yo tres años antes me había presentado en Record, había hablado con Juan Zanotto (dibujante y jefe de arte de la editorial) para ver si existía la posibilidad de entrar a trabajar aunque sea como ayudante de alguien. Y Juan me mostró cómo se presentaban los guiones, yo le llevé unos que tenía escritos, me dijo que estaban bien, que eran muy comerciales... y ahí quedó todo.

— ¿Por qué guionista y no dibujante?

— Es una pregunta rara. Es una pregunta rara que me la hago yo también (risas). De hecho también se lo pregunto a los chicos que vienen a estudiar guión conmigo en "La Ola". Y la verdad es que las historietas me gustaron siempre, y siempre tuve cierta afición por contar cosas, por la narración escrita. La parla no es lo mío, siempre fui bastante corto. Escribía cuentos en la escuela, para alguna revista barrial, lo mismo para la revista del centro de estudiantes en el secundario...

— ¿Y gustaba lo que escribía?

— A mí me gustaba, los que lo leían decían que estaba bueno, qué sé yo. Lo que pasa es que en casa mucho apoyo no había.

— ¿No? ¿A qué querían que se dedicara?

— Mi viejo tenía la fantasía de que yo fuera ingeniero nuclear, quería que fuera a estudiar al Balseiro, allá en Bariloche, pero nunca me preguntó qué es lo que yo quería. ¡A él le gustaban las historietas! De hecho yo siempre viví convencido de que el vecino que nos prestaba las revistas lo hacía por mí, y no: en realidad se las prestaba a mi viejo, yo las leía de rebote.

— ¿Qué autores despertaron su interés por el guión?

— Yo empiezo a entender la figura del guionista cuando empiezo a leer cosas de Robin Wood. La mayoría de las revistas que llegaban a mi casa era de Columba; este vecino compraba también la "Skorpio", pero a mí de chico no me gustaba, no me llamaba la atención. Lo primero que yo leía en las revistas eran las historietas de Robin, primero las que estaban firmadas como Robin, y después las que no estaban firmadas como Robin pero en las que yo reconocía el estilo; o sea, yo sabía que Roberto Monti era Robin, había algo en la forma de escribir que lo delataba. Leía todo lo de él, y luego leía todo lo demás.

— Continuemos con su ingreso a Ediciones Record.

— En ese momento se alinearon los astros: hace poco había conocido a Enrique Alcatena, y estábamos con otro muchacho dando vueltas hasta que un día me dice "che, mirá que en Record están buscando guionistas". Y ahí voy. En esos momentos estaban trabajando mucho Eduardo Mazzitelli y Walter Slavich, justo fue el momento cuando Enrique había terminado de hacer su primera historieta con Eduardo, que era "Pesadillas". Fue entonces cuando ingresé a Record, alrededor de 1990, cuando tenían las oficinas en Bernardo de Irigoyen al 800.

— ¿Zanotto le dio el visto bueno?

— No no no, en esos momentos Zanotto ya no tenía injerencia en el tema guionistas, fue el propio Alfredo Scutti (el editor) quien veía los guiones después de que pasaba por el filtro de Diana Martinovic, que trabajaba con él.

— ¿Recuerda qué guiones coló allí?

— Unitarios. En ese primer tiempo fueron todos unitarios. Mi primer serie la hago ya casi a fin de siglo, en el 97, que en realidad tampoco fue una serie, sino una sucesión de unitarios entrelazados que acá se publicaron hace poco gracias a Loco Rabia (Editora) con el título de "Wampun y Wigwams", con dibujos de Alcatena.
Lo que se vendía a través de Scutti se publicaba primero en Italia y luego acá, de rebote.

De lo mío, acá se publicaron sólo cuatro historietas. Las dibujaron (Alberto) Saichann, Lito Fernández y Alberto Macagno. La primera historieta que me compran los tanos la dibujó Mario Morhain, el hermano del guionista Jorge Claudio Morhain, que casualmente fue el dibujante junto con Oswal y creo que también con Meglia, luego- de la tercera parte de "El Eternauta".

— ¿Usted siempre firmó como Gustavo Schimpp?

— No (risas). Hay una historia por ahí dando vueltas: habíamos creado un pseudónimo con otro muchacho, con otro guionista, pero las cosas no terminaron bien. Intentamos trabajar juntos, pero por un tema de egos la cosa se terminó. Habíamos inventado un pseudónimo que se llamaba Jorge Zanini, pero finalmente se lo terminó quedando él y chau chau, me busqué otro, me empecé a llamar Leonardi.

Después no recuerdo por qué razón cambié el pseudónimo a Omar Briscia. Era algo que pedían de Italia, que tuviéramos un nombre que sonaba a italiano. El asunto es que después de un tiempo y que compraron bastante material me dijeron "bueno, ya está, listo, usá tu nombre", y así fue desde el 96.

— Son un montón de años trabajando más para Italia que para Argentina ¿Usted no tenía ganas de ver eso publicado acá o su vanidad no pasaba por ese lado?

— Mmm... No. Me hubiese gustado, pero después con el tiempo me acostumbré. La fiebre por ver mi material publicado fue más intensa cuando vendimos una historia con (Horacio) Lalia para Francia, esa historia sí que tenía ganas de verla publicada acá, "Belzarek". En la revista "Hacha" llegó a salir apenas la presentación del personaje.

— Previo a eso tuvo usted un segundo paso por Columba ¿qué nos puede contar sobre esa etapa?

— Tuve un segundo paso por Columba, sí. Fue por el 93 o 94. Fue algo muy cómico porque vi un aviso en el diario (risas), en el suplemento literario de Clarín; pedían guionistas de historietas. "Vamos a aprovechar", dije, "ya estoy publicando en Italia, vamos a probar de vuelta". Y me presenté, mandé un guión, lo aprobaron, y empecé con series y unitarios.

— ¿Cuál serie por ejemplo?

— Ninguna que se haya publicado (risas). Fueron entre cinco y seis series, algunas se dibujaron. Hubo una que la dibujó (Rubén) Furlino y de esa creo que se publicaron algunos capítulos; se llamaba "Ira", era una heroína negra, africana, salió en "El Tony". La firmé como Leonardi, porque era una historieta que tenía Furlino y que a Cristina Columba no le gustaba, entonces se me pidió que le cambiara el guión.

Hablé con Furlino, nos pusimos de acuerdo, y él me dio fotocopias de las dos historietas que ya tenía dibujadas; y reescribí encima: lo que él había hecho capítulos 1 y 2, yo hice capítulos 1 y 5. Y el resto lo dibujó todo.

Habré hecho un total de diez capítulos pero no se publicó completa: Marcelo Ciccone reescribió uno de los guiones para darle un cierre, el capítulo 6, creo, más o menos a la mitad, sucede que Furlino quería más plata, y como le dijeron que no, no presentó más nuevos episodios dibujados.

Por otro lado, Presa me ofreció la posibilidad de escribir para Robin: la idea era que yo escribiera lo que a mí se me ocurriera, principalmente pensando en "Nippur de Lagash"; se lo mandaba a Robin, Robin de una manera u otra lo iba a utilizar, y el arreglo era que a mí me pagaba el trabajo la editorial, y de ese modo descontaban plata que le debían a Robin.

Ese había sido el arreglo, pero nunca sucedió. Me lo pagaron, pero no de la manera que habíamos arreglado: tuve que esperar que los viajes de Robin lo trajeran a Buenos Aires, para poder cobrarle a él. Esa situación la mantuve dos o tres viajes de Robin, nada más, porque me resultaba imposible; era enviarle por fax los guiones a Dinamarca, imaginate.

— ¿Usted llegó a ver publicado la utilización de su trabajo?

— De lo que escribí reconocí uno solo, un episodio de "Nippur de Lagash" llamado "La torre", dibujado por Daniel Müller; el guión quedó casi igual, prácticamente no le tocó nada, al resto habría que hacerles el ADN, no sé qué habrá terminado usando Robin.

Pero me acuerdo que le escribí mucho de "Nippur", alguna cosa de "Martin Hel", algo de "El Peregrino". Tenía libertad de agarrar cualquier personaje de Robin con excepción de "Dago" ¡Hasta le escribí un capítulo de "Starlight"! A ver, era muy fácil el trabajo: yo escribía el guión y lo mandaba, listo. Luego Robin usaba algo, o reutilizaba parte, y hacía lo que él quisiera.

En ese tiempo, ya había dejado de trabajar para Italia, no me acuerdo por qué. Después surgió el tema de la colaboración con "Hacha" y volví con los tanos, siempre con Scutti como intermediario. Y después salió lo de Francia.

Desde 2005 en adelante, mis colaboraciones con Italia fueron mucho más regulares, y ya con varias series, también.

— ¿Y hoy qué está publicando?

— En estos momentos no se está publicando nada mío, pero estamos produciendo. Actualmente estamos haciendo "Las muñecas de Dandi" con Diego Garavano. Estamos haciendo el segundo libro ya. El primero ya se terminó y ya fue publicado por (Editoriale) Aurea, en la revista "Lanciostory".

En la "Skorpio" italiana se publicaron las adaptaciones de cuentos de vampiros que hicimos con Lalia, y ahora estamos esperando ver si la continuamos; ya hicimos dos partes, pero tenemos proyectadas unas cuantas más porque, afortunadamente, los cuentos de vampiros son de dominio público... ¡y hay muchos!

— ¿Le gusta hacer adaptaciones?

— Me gusta hacer adaptaciones de una manera muy particular: el tipo de adaptación totalmente libre; no quiero ceñirme a lo que está en el cuento, yo quiero recrearlo, ponerle mucho de mi parte.

Ahora vengo descubriendo que el género que más me está gustando es la ficción histórica. En parte lo estoy haciendo con "Las muñecas de Dandi", porque es un steampunk que ocurre a principios del siglo XX, y hago una mezcla de personajes y situaciones históricas con la ficción.

Arranca la historia en los Estados Unidos pero después se traslada a Europa; en el primer libro, las muñecas se ocupan de evitar lo que sería la Primera Guerra Mundial. "Las muñecas de Dandi" son como una especie de "Ángeles de Charlie", y son "Las muñecas de Dandi" porque por una cuestión de derechos no podría utilizar "Las Conejitas de Playboy", porque esa es la idea de base: la revista en vez de llamarse "Playboy" se llama "Dandi", y en vez de ser las conejitas, son las muñecas; y tienen una doble vida porque son espías; en el segundo libro aparece Mata Hari, por supuesto.

— ¿Nos habla de su tarea como editor?

— El año pasado salió "Ecos de Mundos Posibles", que es una antología de ciencia ficción y fantasía que recopila siete historias que hicimos con Sergio Ibáñez para el mercado italiano, de una época en la que hacíamos unitarios de veinte páginas; fue una movida de los tanos en busca de un público más joven. A mí me maravillaba ese formato porque nos permitía desarrollar más las historias. Con Sergio habremos hecho entre trece y catorce historias, aunque no con la misma extensión, las últimas eran más cortas.

Como todas tienen más o menos la misma temática, un día nos juntamos y le digo "che, ¿sacamos un libro?"; porque la gente de Loco Rabia nos había estado preguntando qué material teníamos, pero al final nunca terminamos de concretar la publicación y decidí hacerme cargo yo con el sello Gorgona Ediciones.

— ¿Fue su primera experiencia como editor?

— No. La primera fue más o menos en el 98, con "Cabeza de Gorgona", una revista en la que escribí y que edité. En su momento la idea había sido lograr una revista bimestral, pero no se pudo (risas).

— ¿Esta nueva experiencia reciente fue mejor que la primera?

— Sí, fue mejor pero... Pasó Macri, así que... (risas). De todos modos fue mucho más grata como experiencia personal, y claro que tengo ganas de sacar más, y tengo planes: "Belzarek", que en estos momentos está siendo letreado. A mí me gustaría que para finales de marzo o abril ya esté, en mayo en el peor de los casos, coincidiendo con una nueva edición de "Dibujados" o sino nos queda la "Crack (Bang Boom)" de Rosario, que es un lindo evento para presentar nuevos libros.

(*) Redactor especializado en cómics.

"Wampun y Wigwams", unitarios entrelazados con guión de Schimpp y dibujos de Alcatena.
En 2018 salió "Ecos de Mundos Posibles", una antología de ciencia ficción y fantasía.
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