Panorama Político Bonaerense
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Vidal preparó el terreno para que no empiecen las clases

Nuevamente la gobernadora María Eugenia Vidal eligió a los dirigentes docentes como enemigos para dar la discusión en la provincia. (Dibujo: NOVA)

Por Maxi Pérez (@perezmaxi), corresponsal de NOVA en Casa de Gobierno y Legislatura

El discurso de apertura de sesiones ordinarias de la gobernadora María Eugenia Vidal tuvo un claro tono confrontativo hacia el sector docentes, al que nuevamente acusó de tomar de rehenes a los alumnos, incluso antes de que se anunciara cualquier medida de fuerza.

Y aunque pasó desapercibido por muchos, esas palabras de Vidal son claves para entender que el Ejecutivo trazó una estrategia que necesitaba del no inicio de clases para insistir con la demonización de los sectores sindicales, con especial atención a los maestros, que son el último obstáculo a vencer para avanzar con una flexibilización laboral.

Las encuestas muestran que la mandataria mantiene niveles altísimos de aprobación, pero que son superados por el acompañamiento al reclamo docente, lo que indica que muchos votantes y adherentes al gobierno de Cambiemos no acuerdan con el tratamiento que se le está dando a la paritaria salarial de los maestros.

Sin embargo, hay un núcleo duro, conformado por casi un 40 por ciento de los bonaerenses que defiende la posición del gobierno y reclama mayor dureza en el tratamiento de los problemas laborales y sobre todo cuestiona el rol de la dirigencia sindical sin distinguir entre el sector público y el privado.

Pero para avanzar contra los gremios que representan a los maestros, el gobierno necesita que Roberto Baradel, Mirta Petrocini, Miguel Díaz y el resto sean los malos de la película, y pretende responsabilizarlos en un ciento por ciento por el no inicio de las clases el próximo lunes.

Para eso el escenario comenzó a definirse meses atrás, cuando el equipo económico que conduce Hernán Lacunza decidió no avanzar con la convocatoria a paritarias, desatendiendo el compromiso asumido en las reuniones del año pasado. 

También en su discurso Vidal deslizó esta parte de la estrategia al remarcar que no importa si la discusión empezó en febrero o en noviembre del año pasado, sino que "no podemos seguir dialogando sobre qué es lo mejor para los chicos pensando que para eso hay una fecha límite. Y menos si tomamos que esa fecha límite es el inicio de clases que pone de rehenes a los alumnos".

El gobierno insiste además con el presentismo, un elemento que los gremios nunca se negaron a discutir, siempre que sea por fuera del marco de la paritaria salarial, y que desde el Ejecutivo solamente parece ser importante precisamente en esa instancia.

Por lo menos en cinco oportunidades, los integrantes del Frente de Unidad Docente afirman que enviaron notas a la gobernadora pidiendo audiencias para discutir, entre otras cosas, el esquema de licencias y los controles que se ejercen sobre las mismas por parte del Estado, pero nunca fueron atendidas.

Vidal afirmó que el objetivo no es discutir las licencias por enfermedad o por maternidad, sin embargo, el ofrecimiento de un plus “por presentismo” no hace distinciones, por lo que para los gremios, además de ser una medida rompehuelgas, de alguna manera obliga a los trabajadores a concurrir a las escuelas aún cuando no esté en condiciones de salud para hacerlo.

Como si fuera poco, todo esto se desarrolla en medio de la discusión por el cierre de escuelas de islas, rurales y nocturnas, que según los gremios dejará a centenares de docentes en la calle y a los alumnos sin destino o con la necesidad de trasladarse durante horas para llegar a las aulas.

En rigor de verdad este debate, por el momento representa una derrota para el gobierno, por la marcha atrás que debió dar con los establecimientos de la zona del delta de San Fernando.  Para mantener abiertos las escuelas y atender el reclamo de la comunidad educativa, Vidal debe reconocer que el argumento sobre la falta de matrícula y la inaccesibilidad de las escuelas era falso, es decir, que la decisión tenía más que ver con un ajuste que con una necesidad educativa.

La mandataria necesita un enemigo y la oposición parece no colaborar con ese objetivo, atento que la única figura sobresaliente del ámbito bonaerense es la ex presidenta Cristina Kirchner, enfrascada totalmente en la disputa nacional.  Pero además necesita quebrar a los gremios para poner en marcha reformas profundas en las leyes laborales y previsionales vigentes en la provincia.

Está claro entonces que el conflicto fue una decisión del Ejecutivo o en todo caso una consecuencia necesaria de las medidas que se tomaron en torno a la negociación paritaria, que no solo comenzó tarde sino que siguió una lógica de mejorar ficticias que de antemano iban a terminar en fracaso.

La primera paritaria que debió encarar Vidal sorprendió a propios y ajenos, porque tras el acuerdo nacional de los gremios con el entonces ministro de Educación nacional Esteban Bullrich, la provincia cerró la negociación en tiempo record y por primera vez en mucho tiempo logró que las clases comenzaran sin conflicto.

Pero en esta oportunidad, la convocatoria llegó apenas 15 días antes del inicio del ciclo lectivo y en las tres reuniones que mantuvo con los gremios, el gobierno ofreció un 15 por ciento en tres tramos, es decir que no hubo ninguna mejora en la oferta real de aumento salarial. Incluso se mostró intransigente con la aplicación de la “cláusula gatillo” un mecanismo impulsado por Cambiemos, pero que ahora se niega a aplicar.

“Si están tan seguros de que la inflación no va a estar por encima del 15 por ciento, no entendemos por qué no aceptan la cláusula gatillo”, se preguntan los maestros, aunque la respuesta, a esta altura es bien sencilla, porque el gobierno no busca un acuerdo con los maestros o, al menos, no por ahora.

Así es como las cartas están echadas sobre la mesa, a partir del lunes solo es cuestión de ver cuál de los jugadores se anima a levantar la apuesta.

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