La Provincia
Pésimas condiciones, amenazas y droga libre

La Intervención logró algo insólito en la Unidad N° 10 de Melchor Romero: penitenciarios e internos con un mismo reclamo

  • Mariano Iriquin es el jefe del penal, quien estaría avalado por el Director General de Recursos Humanos. (Foto: NOVA)
    Foto 1 de 2
  • Mariano Iriquin es el jefe del penal, quien estaría avalado por el Director General de Recursos Humanos. (Foto: NOVA)
    Foto 2 de 2

Las irregularidades en el Servicio Penitenciario Bonaerense siguen sumando capítulos. Cada día, una nueva denuncia llega a la redacción de NOVA, el único medio que le da visibilidad a la triste realidad de las cárceles bonaerenses, donde los eslabones más castigados son los trabajadores y los internos, los principales perjudicados del rumbo adoptado por los funcionarios de turno.

Una vez más, los cañones apuntaron a la Unidad N° 10 de Melchor Romero, penal donde vale todo: los propios penitenciarios aseguraron que para mantener los pabellones tranquilos, los superiores permiten el ingreso de droga, que algunos presos con coronita se encargan de comercializar entre muros.

También, internos por un lado y agentes penitenciarios por el otro denunciaron que las condiciones son paupérrimas: las celdas como los puestos de vigilancia se vienen abajo, la higiene brilla por su ausencia. Esta es una de las pocas circunstancias en la que los dos sectores  comparten un reclamo, pero ambos están amenazados.

Si los penitenciarios reclaman, le advierten que van a ser sumariados y echados; y no son solo promesas, han pasado el escobazo con total impunidad; asimismo, los internos que denuncian, son mandados a “lastimar” por otros presos, en forma de amedrentamiento, o son trasladados a otras Unidades, en el mejor de los casos.

En relación a la comida, ambos aseguraron que es espantosa: los penitenciarios suelen llevarse viandas de sus casas y los familiares de presos son abastecidos con bolsas de mercadería que le alcanzan sus familiares. NOVA ya se encargó de denunciar la mafia, la corrupción y los sobreprecios que hay detrás del negocio de la alimentación en las cárceles.

En este contexto, ni la droga libre está logrando mantener la calma en el penal: la muerte de Diego Álvarez, la semana pasada, generó una ebullición interna, lo que provocó una serie de traslados y un estado de alerta. El abandono de las cárceles por parte del ministro de Justicia Gustavo Ferrari y el interventor Fernando Rozas está llevando al SPB a un lugar peligroso.

Lectores: 1568

Envianos tu comentario