Panorama Político Bonaerense
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Quiénes festejaron y quiénes no con los resultados de la elección

Esteban Bullrich y Nicolás del Caño festejan. Cristina Kirchner duda. Sergio Massa y Florencio Randazzo miran de lejos. (Dibujo: NOVA)

Por Maxi Pérez (@perezmaxi), corresponsal de NOVA en Casa de Gobierno y Legislatura

Nadie puede negar que los números del domingo son el primer paso de una consolidación de Cambiemos a nivel nacional, pero sobre todo como una fuerza con fuerte anclaje territorial en la provincia de Buenos Aires, no solo por el triunfo de Esteban Bullrich sobre Cristina Fernández de kirchner, sino por el crecimiento de la coalición de gobierno en prácticamente todos los distritos, con triunfos que en muchos casos superaron los 60 puntos y estiraron la ventaja a casi 50 puntos sobre el segundo, que en casi todos los distritos fue Unidad Ciudadana.

La gran ganadora es María Eugenia Vidal, la mandataria bonaerense se puso dos veces la campaña al hombro y traccionó para que dos verdaderos desconocidos para los bonaerenses se convirtieran en senadores nacionales. Sin embargo, en el escenario del domingo su lugar no fue central, quizá para no opacar a la figura del presidente Mauricio Macri, quizá para dejar en claro que incluso en los momentos de festejos cada dirigente del PRO no es más que una pieza en un tablero de ajedrez que alguien digita con cálculos estratégicos y sondeos de opinión de por medio.

Entre los intendentes vuelven a festejar Julio Garro de La Plata, Carlos Arroyo de General Pueyrredón, y Héctor Gay de Bahía Blanca, los tres con resultados contundentes y diferencias de más de 20 puntos sobre Unidad Ciudadana, lo que les garantiza el control de sus Concejos Deliberantes, liderazgo en términos seccionales y sobre todo les ratifica el acompañamiento de los vecinos a pesar de que se trata de tres municipios en lo que la gestión de Cambiemos comenzó con serios problemas que en algunos casos se arrastraron hasta estas elecciones.

Bullrich podrá anotar en su currículum que derrotó a la dos veces presidenta, que además contaba con el apoyo de los intendentes de los distritos más populosos del Conurbano, como La Matanza y Lomas de Zamora, con lo cual no solo debe festejar el triunfo y su banca sino también las condiciones que lo llevaron a conseguirla, como candidato trasplantado desde la Capital Federal, conocido en la provincia solo por los docentes y con una campaña que lo relegó a un segundo plano ante la figura de Vidal. El antecedente inmediato de un desconocido que le ganó a los Kirchner es el de Francisco De Narvaéz, un dato que el ex ministro seguro que prefiere omitir.

Pero no solo el oficialismo festejó el domingo y del otro lado del arco ideológico, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), si bien no cumplió el objetivo de alcanzar el cuarto lugar desplazando al Frente Justicialista Cumplir, si consiguió arañar los 500 mil votos lo que prácticamente le garantiza dos bancas en la Cámara de Diputados. 

En esa categoría, además, quedó en el cuarto lugar a escasos 12 mil votos de Eduardo "Bali" Bucca, que de todas maneras ingresará al Congreso si es que decide asumir su banca, porque en la previa de la elección circularon fuertes rumores de que el intendente de Bolívar prefería seguir al frente del municipio y dejarle su lugar en el Congreso a Juan Manuel Abal Medina.

Los festejos de la Izquierda tienen su réplica provincial en la Tercera Sección, dónde nuevamente consiguen una banca con la lista que encabezaba Guillermo Kane, que volverá a la Cámara baja bonaerense a partir del 10 de diciembre de este año.

Festejos a medias

Si la política es el arte de lo posible, el kirchnerismo es el arte del festejo imposible, porque de alguna manera la militancia siempre se las arregla para convertir cualquier derrota en una ocasión para festejar. Ocurrió así con los magros resultados que alguna vez obtuvo Mariano Recalde en CABA, que terminaron en una celebración que no tuvo nada que envidiarles a los ganadores del PRO, y se repitió en el bunker de Sarandí tras la aparición de Cristina para reconocer la derrota.  "Senadora, Cristina senadora..." fue el canto se escuchó durante la jornada, como si con eso fuese suficiente para los que estaban presentes en el lugar.

Sin entrar en el debate de los fueros parlamentarios, condición que muy probablemente desaparezca de la escena tras la decisión que tomará el Congreso Nacional sobre el diputado Julio De Vido, la ex presidenta tiene motivos a medias para festejar, aunque en este caso no dependen exclusivamente de los resultados de la elección bonaerense.

Es que para igualar los casi 3 millones y medio de votos que obtuvo el frente de Unidad Ciudadana, el peronismo nacional necesita sumar los resultados de varias provincias, sobre todo teniendo en cuenta los excelentes resultados de Cambiemos en los distritos más importantes como Santa Fe, Córdoba y Mendoza.  Además, la derrota de Juan Manuel Urtubey en Salta deja fuera de competencia a quien se preparaba para encabezar una etapa de renovación del PJ y, para cerrar el círculo, un Adolfo Rodríguez Saá más aliado que nunca con Cristina logró un resultado histórico al revertir una derrota de casi 20 puntos en las PASO.

En definitiva, CFK es la única dirigente del peronismo a nivel nacional que puede "porotear" con esa cantidad de votos, porque nadie se atrevería a cuestionar que en territorio bonaerense un porcentaje altísimo, sino la totalidad de esos votos, son de "La jefa" y no de los dirigentes territoriales que la acompañan.

De cara al reordenamiento del peronismo, Cristina hizo el primer movimiento y aseguró que  “las oposiciones firmes y claras han avanzado”, en un tiro por elevación a las derrotas de Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti y Mario Das Neves.

No hay nada que festejar

La revista Barcelona que genera relatos inverosímiles pero que respetan el formato periodístico, tituló hace ya algunos años y ante la primera crisis del Frente Renovador por la fuga de dirigentes “Massa se va del massismo”, la realidad es que ese título resulto ser premonitorio de lo que aconteció con el líder renovador entre las primarias y las generales.

El diputado nacional Sergio Massa que quedó tercero en Tigre, su pago chico, comenzó su retirada del massismo o más bien su vuelta al peronismo apenas conocidos los resultados de las PASO.  Reuniones con gobernadores y llamados al diálogo marcaron su agenda en las últimas semanas en las cuales la campaña junto a Margarita Stolbizer se convirtió en una especie de acting para los medios de comunicación.

En las mismas condiciones se encuentra Florencio Randazzo, acostumbrado a los éxitos como armador territorial, ahora sufrió en carne propia las dificultades de exponerse electoralmente, arrastrando además a la derrota a los pocos intendentes y dirigentes de peso que se animaron a acompañarlo hasta el final.

En la mayoría de los distritos gobernados por randazzistas, si es que a esta altura existe algo con ese nombre, los jefes comunales iniciaron por lo bajo conversaciones con el kirchnerismo y con Cambiemos para garantizar gobernabilidad y evitar los sobresaltos de cara a un futuro incierto, en una etapa en la que al oficialismo bonaerense no le va a temblar el pulso para destituir a algún intendente con pasado K.

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