La Provincia
Soldado del interventor Fernando Rozas

Gustavo García, alias "El Comando", tiene kiosquitos en cada rincón del Servicio Penitenciario Bonaerense

Gustavo García: sueldo abultado, 150 horas extras por enseñarle tiro a Rozas, 40 horas cátedra en la Escuela de Cadetes, facturas infladas y utilización de la flota de vehículos para uso doméstico, entre otros. (Foto: NOVA)

Gustavo García, alias “El Comando” (aunque también lo catalogaron como “El Oreja”), se transformó en la mano derecha de Fernando Rozas, interventor del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB). Más que mano derecha, para muchos, es un “lamebotas” de los funcionarios de alto rango, y hoy el político de turno que maneja los hilos de la institución es el ex diputado denarvaista.

Actualmente, cumple el rol de Director General de Seguridad del SPB y, junto a Horacio Falcones, fue el encargado de confeccionar una lista con nombre y apellido de más de mil trabajadores para iniciar una ola de sumarios, metiendo en la bolsa casos totalmente diferentes. Lejos de limpiar la Fuerza de las mafias, el principal objetivo fue congraciarse con Rozas y castigar a sus camaradas.

Odiado por el mundo penitenciario, García fue ascendido a inspector general de la mano del interventor, como compensación tras haber mandado al muere a cientos de sus compañeros. Los propios agentes aseguran que apenas conoce las cárceles, a las que le tiene miedo y pisa en punta de pie.

Su único trabajo en una Unidad Penitenciaria fue en Dolores, donde estuvo solo seis meses como subdirector administrativo. Luego cumplió funciones en la Dirección de Traslados, para “acovacharse” más tarde en el Grupo DOE  (Departamento de Operaciones Especiales).

Horas extras por darle clases de tiro al patrón

Fernando Rozas siempre tuvo el anhelo de formar parte de las Fuerzas Armadas, al punto de asistir durante algunos meses a la Escuela de Suboficiales del Ejército “Sargento Cabral”. Sin poder adaptarse al disciplinamiento de la institución, decidió dar un paso al costado, estudiar abogacía e ingresar a la política, entendiéndola como una herramienta de suma rentabilidad.

Con su alto cargo en el SPB, resurgió el deseo de Rozas de ser militar. Mostrando un autoritarismo exagerado, el dirigente político que estuvo de paso en todos los Partidos habidos y por haber, intentó llevar adelante su gestión bajo las órdenes estrictas de un dictador, sembrando el temor en muchas dependencias. En consonancia con su patrón, García también siguió la línea de la prepotencia y las amenazas.

Ante este escenario, el interventor utilizó el Grupo DOE para reforzar su vocación militar. Obsecuentemente,  distintos jefes de alta jerarquía le permitieron plasmar su sueño frustrado: todos los domingos y feriados, se dedica a realizar prácticas de tiro en la Base de esta área.

Como todo tiene un precio, Rozas le habría aumentado el sueldo a los comandos de este Grupo (que ya cuentan con un frondoso salario) al equivalente a 150 horas extras, generando malestar en el resto del personal.

Otros kiosquitos en el SPB

Sumado a las denuncias por facturas infladas (va a salir publicado en otra nota), y además de las 150 horas extras que cobra por enseñarle tiro a su patrón, García tiene otros dos ingresos: da clases en la Escuela de Cadetes, percibiendo 500 pesos por hora cátedra (cobraría alrededor de 40 horas), y su esposa cuenta con otro abultado sueldo, al ser Directora de la Unidad N° 25 de Olmos.

Por otro lado, el Director de Seguridad utiliza domésticamente la estructura del SPB: por ejemplo, un chofer con uniforme de la institución llevaría en un vehículo oficial la hija de García a un Gimnasio platense; espera que haga los ejercicios deportivos y luego la lleva nuevamente a su casa.

Como si fuera poco, García sería el encargado de la compra y facturación del combustible de toda la flota de vehículos del SPB en el territorio bonaerense.

Un funcionario pistolero

Cada día que pasa, aflora una nueva irregularidad en el SPB: lejos de transparentar y reorganizar el funcionamiento en la institución, la intervención comandada por Rozas multiplicó los casos de corrupción e instaló un nuevo mecanismo de gestionar: con el arma en el escritorio.

Tras las clases de tiro, el funcionario macrista (ex denarvaista y ex sciolista), se maneja de una manera peculiar puertas para adentro: “Tiene una pistola 9mm en la cintura, y cuando se reúne en su despacho, la apoya en el escritorio, como una forma de intimidar y de que se haga al pie de la letra lo que él dice, esté bien o mal”, aseguró una trabajadora.

Según indicaron fuentes cercanas, que no quieren dar a conocer su identidad por miedo a represalias, la pistola fue provista por la Armería del Servicio Penitenciario, cuando el protocolo indica que solo se debe entregar a personal de penales: Rozas no es del Servicio (es un interventor externo), es civil y no posee portación.

El crítico estado de las Unidades Penitenciarias y los magros sueldos se potenciaron con la ola de despidos, la catarata de sumarios y los traslados arbitrarios (despidos encubiertos): el ánimo de los empleados se caldeó y, para hacerse respetar, el interventor decidió “calzarse”, como se dicen en la jerga carcelaria.

El mundo tumbero que rodea la vida penitenciaria, hizo que Rozas se coma el personaje y actúe como un militar. Lo grave es que esta actitud se complementó con graves hechos de corrupción, que lo tendrían a él como cabecilla: habría armado una organización (con familiares, amigos y políticos) que se instaló en distintos estamentos del SPB, donde montaron una farmacia paralela, llevaron a cabo sobrefacturaciones, inventaron viáticos inexistentes y se le atribuyeron ascensos a “ñoquis” que no trabajan desde hace meses.

Esas maniobras habrían generado un motín millonario, lo que permitió que algunos funcionarios limpien el dinero de diversas formas, como comprando mansiones en Estados Unidos a partir de fideicomisos o llevando niveles de vida  irrisorios, en countries privados, con todos los lujos posibles.

Ahora, ¿Esta es la manera de combatir las mafias en las fuerzas que prometió la gobernadora María Eugenia Vidal? ¿Esta es la purga que anunció el ministro de Justicia Gustavo Ferrari? ¿Esta es la transparencia que pregonó el Frente Cambiemos?

Mientras tantos, miles de familias penitenciarias están en la calle por ausencias sin aviso o por presentar un certificado médico tardío, cuando los mafiosos siguen sentados en sus sillones. 

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