Panorama Político Bonaerense

El gobierno busca recuperar la iniciativa en el Servicio Penitenciario

La situación carcelaria en la provincia de Buenos Aires no es chiste. (Dibujo: NOVA)

Por Maxi Pérez (@perezmaxi), corresponsal de NOVA en Casa de Gobierno y Legislatura

Cárceles hacinadas, trabajadores mal pagos y con jornadas laborales interminables, falte de atención médica a los detenidos y violencia cotidiana siguen siendo parte de la postal diaria en el sistema penitenciario de la provincia de Buenos Aires a pesar de las promesas grandilocuentes que lanzó 8 meses atrás el ministro de Justicia Gustavo Ferrari.

A pesar de esto, el gobierno de María Eugenia Vidal quiere relanzar la gestión en materia de seguridad y combate contra el delito haciendo foco en la transformación del sistema penal bonaerense, proponiendo además una modificación del Código Penal nacional.

El titular de la cartera de justicia es un funcionario heredado de la Gestión de Daniel Scioli, en la que cumplió funciones como Asesor General, es decir que se trata de un hombre con experiencia en la gestión bonaerense, por lo que la gobernadora le confió la tarea de sanear la situación de las más de 50 cárceles de la provincia, para lo cual presentó un proyecto de "refundación" del Servicio Penitenciario.

Lo primero que hay que decir es que entre todos los problemas que aquejan al sistema carcelario bonaerense, un mejoramiento de su infraestructura reviste carácter urgente para descomprimir las situaciones de hacinamiento, falta de servicios sanitarios y condiciones infrahumanas de alojamiento en celdas húmedas, con falta de ventilación y hasta inundadas, que sufren los internos día a día. 

A pesar de esto, desde el comienzo de la administración de Cambiemos no se ha avanzado prácticamente en nada y los detenidos y el personal enfrentan las mismas condiciones adversas heredadas del gobierno anterior, a pesar de lo cual las autoridades de justicia afirman que está en marcha un plan de mejoras.

El primer paso de esa transformación llegó de la mano del área de "salud penitenciaria", con una ampliación de la capacidad de atención de internos, mejor equipamiento y aumento del número de camas en los hospitales intramuros, algo que lentamente se está implementando pero que tras los anuncios del ministro, se supo que formaba parte de una programa  proyectado y puesto en marcha durante la gestión anterior.

Sobre las auditorías realizadas en estos 8 meses, el gobierno protagonizó un verdadero papelón al presentar como propio un modelo de seguimiento de la gestión administrativa a cargo de civiles como una novedad, cuando en la provincia desde hace por lo menos 6 años que existen dependencias a cargo de personal civil realizando tareas de control, algo que el ministro no podía desconocer luego de haber formado parte del gabinete de Scioli.

En dónde si se aplicó el máximo rigor de la nueva gestión es en el manejo del personal subalterno, con más de 5 mil sumarios instruidos por abandono de servicio, suspensión de comisiones y refuerzo de guardias de seguridad en las unidades carcelarias, si se quiere un dato positivo, que de todas maneras carga sobre el hombro de los uniformados de mas bajo rango las responsabilidades por todos los problemas del SPB.

La modificación de fondo que pretende Ferrari, requiere también de una modificación de las leyes de ejecución penal y de personal penitenciario, para aggiornar la normativa a los nuevo tiempos y abandonar definitivamente el esquema militar que rige en la fuerza, para pasar a un sistema de mayor profesionalización de los uniformados que facilite además el control de asistencia y cumplimiento de tareas.

Por eso esta semana el funcionario salió a marcar la cancha en materia de cumplimiento de penas, y tras el resonante crimen de Micaela García, reclamó un cumplimiento más estricto de las condenas y la modificación del Código Penal para que no ocurran otros episodios como el de la joven entrerriana.

En el peronismo, sigue la danza de candidatos

Ni Cristina Fernández de Kirchner, ni Florencio Randazzo, ni siquiera Sergio Massa dieron muestras de definición política sobre sus candidaturas durante esta semana, pero a su modo cada uno movió sus fichas en el tablero político de cara a las elecciones legislativas.

En el entorno de la ex mandataria, admiten que  la principal fortaleza de una candidatura parte de los números de las encuestas, que en prácticamente todo los casos la ubican con guarismos cercanos a los 30 puntos de intención de voto, números que no garantizan el triunfo, pero son suficientes para ubicarla en el primer pelotón de opciones de los sectores peronistas.

De todas maneras, con el líder del PJ bonaerenses, Fernando Espinoza, jugando decididamente para Cristina, aparece como plan B una candidatura de Verónica Magario y quizá la novedad es que una parte de los intendentes del Grupo Esmeralda empiezan a mirar con simpatía una opción kirchnerista.

Según algunos analistas esto complicaría las chances del ex ministro del Interior y Transporte, aunque en la mesa chica del randazzismo hacen una lectura distinta y afirman que “aún sin aparecer públicamente Florencio esta en toda mesa de discusión”, por lo que a pesar de intensificar las reuniones con distintos espacios del peronismo, la presentación en sociedad de una candidatura se seguiría dilatando.

Quien está siendo seriamente afectado por la estrategia oficial de polarización con el kirchnerismo es el Frente Renovador, o más precisamente su líder Sergio Massa que a las dificultades para retener a sus dirigentes en la provincia de Buenos Aires, le suma ahora el agotamiento de la “avenida del medio”, en momento de definiciones políticas.

En ese escenario cobre fuerza una candidatura de Margarita Stolbizer, que podría cargar sobre sus espaldas una derrota y hasta tendría la chance de quedar en segundo lugar gracias a la tracción hacia arriba de los dirigentes territoriales del massismo. 

De todas maneras, el hombre de Tigre está haciendo un último intento por reflotar su candidatura, para lo cual, igual que Randazzo, intensificó los contactos con los sectores del peronismo no kirchnerista y neokirchnerista, aunque de manera más discreta para evitar tensiones con sus socios del GEN, con quienes aún no termina de cerrarse el acuerdo electoral.

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