Una producción de NOVA

Martín Vestiga y el “no se salva nadie” del Servicio Penitenciario

Martín Vestiga. (Dibujo: Fernando Rocchia, especial para NOVA)

Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.

 

Caminando tranquilo por el centro de mi querida ciudad de La Plata, pispeando con anteojos puestos algunos traseros como los que no hay en otro lugar, de repente me encontré observando una vidriera de las caras a mi amigo y querido Carlos Esteban. “Años de no verte”, le grité mientras le palmeaba la espalda como en los viejos tiempos…

“Martincito, amigo del alma”, me respondió. “Tenía intensas ganas de verte y, por supuesto, de contarte novedades”.  “Te oigo, atento…”, le dije. “Tomemos un café en algún bar de la zona, tengo mucho para decirte”. “Por supuesto”, le respondí.

Ingresamos a un reconocido café ubicado en la esquina de 9 y 47, nos ubicamos un poco escondidos en la última mesa, donde fuimos atendidos por una hermosa señorita.

“Bueno, Carlitos contáme”, inquirí (esta vez sí tenía ganas de recibir información y administrarla a mi gusto). “Sí, sí, por supuesto –comenzó mi amigo-. Días pasados me encontraba mirando los jardines de un hermoso edifico ubicado en la zona de 6 y 34 y, de repente, salió apresuradamente del edificio de ahí un viejo conocido, a quien saludé afectuosamente y le dije ‘¡Qué apuro!’”.

“¿Y qué te contestó?”, pregunté. “Me respondió: ‘Carlitos, esto está cada vez más complicado’. ‘No sé a qué te referís’, le dije. ‘Te enteraste que el vicegobernador visitó las unidades penitenciarias de San Martín, donde encontró varias irregularidades, falta de personal médico, de remedios, de aseo en los diversos pabellones, entre otras cosas…’”.’Sí, sí, sabía’, le dije”, relató mi amigo.

Fue así que el apresurado viejo conocido le dijo: “Si este buen hombre llega a venir a inspeccionar la Dirección de Operaciones quedamos todos presos”. Pero dejo a mi amigo mantener la voz cantante del relato. “’¿Por qué?’, pregunté. ‘La falta de personal, la falta de vehículos de traslado para internos, de los 15 que teníamos ahora tenemos tres que funcionan cuando quieren, sin luces, sin VTV, hasta te puedo decir que sin frenos’, detalló”.

“’Hace unos días se escapó un interno de uno de ellos –le dijo el tipo en la puerta del edificio-. Tienen lugar para 15 internos y en ciertas oportunidades llevamos 40’. ‘Tenés idea de que si surge algún problema vamos todos presos, pero la Dra. Florencia Piermarini no entiende”. “’Claro’, le respondí, ‘si no tiene idea de lo que es el Servicio Penitenciario”.  

“Uh, che, no se salva nadie…”, le dije, sorprendido.

 “No, no”, me respondió. “Martín, en la próxima te voy a dar mas información sobre los vehículos de traslados que se encuentran en automotores a la espera de la reparación. Pero te paso un dato -me  dijo-. Los micros en reparación gastan más combustible que los que están andando”. “No entiendo”, le respondí. Y adelantó por toda respuesta: “En la próxima te cuento”.

“Mucho por hoy, Carlitos”, le respondí, aún sorprendido, y opté por pagar, despedirme y doblar la esquina y empezar a caminar rapidito y, por supuesto, mirar para todos lados, no vaya a ser cosa que alguien me vea… 

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