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¿Nueva comunicación corporal?
Perforaciones y pinturas corporales: ¿Una forma de autodestrucción y rebelión?
Para los jóvenes del siglo XXI las aplicaciones corporales como tatuajes, implantes y body piercings conforman una nueva manera de comunicarse. Los profesionales de la salud ven esta moda como un problema. Los psicólogos la consideraran destructora de la identidad. Aquí, un completo informe.
  
Los tatuajes marcan particulares tendencias en estos tiempos.

LA PLATA-BUENOS AIRES, Octubre 06 (Por Jorgelina Tobaldo, de la redacción de Agencia NOVA) Desde hace algunos años, tatuajes, perforaciones corporales y, actualmente, el implante de material metálico en el cuerpo de los más jóvenes se convirtió en un tema de discusión entre los profesionales de la salud y quienes aplican este tipo de modas, sobre la realidad de los males que estas aplicaciones pueden provocar en el cuerpo.

 

En una época donde la Internet es la forma de comunicación del momento y los blogs una de las maneras más comunes en que los demás se enteren de los gustos y sueños de los más jóvenes, ha nacido también una metodología de comunicación a través del cuerpo.

 

Se trata de los tatuajes, body piercings e implantes, que las nuevas generaciones han designado como la forma de rebelarse ante el mundo de la actualidad, mientras que los psicólogos y profesionales de la salud lo ven como una forma de destrucción corporal, que puede incluir a los más jóvenes en un circuito inevitable de problemas médicos.

 

Los psicólogos consultados por Agencia NOVA aseguraron que muchas de las perforaciones corporales y las pinturas permanentes tienen que ver con la autodestrucción del cuerpo.

 

“Es preocupante que los jóvenes se maltraten físicamente, porque tiene que ver con una cuestión de no-aceptación de sí mismos, con una forma de destrucción en la que no logran adaptarse a la realidad de sus vidas y buscan formas externas de romper con la visión que los demás tiene de ellos mismos”, remarcó un psicólogo, quien prefirió no dar a conocer su nombre por cuestiones de ética profesional.

 

El psicoanalista consultado explicó que en el contexto actual, donde “todo es desechable y en el que se define al hombre como sujeto de la imagen y el consumo, aparecen las diferentes prácticas de inscripciones en la piel y, en particular, la profusión de tatuajes, además de las interminables perforaciones”.

 

El tatuaje es una alteración realizada sobre la piel, un elemento natural, en la cual se deja una marca con un carácter duradero e irreversible, y que comienza durante la adolescencia, etapa en la que los más chicos realizan los cambios que formarán a ese sujeto ante el mundo.

 

Por esta razón, los psicólogos afirman que “es legítimo preguntarse sobre la relación del sujeto portador del tatuaje, en la medida que significa una marca duradera, una señal no desechable”.

 

La respuesta sobre este cuestionamiento se remonta a la teoría sobre las pulsiones del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. En este punto los profesionales sostuvieron que “la mayoría de los individuos intentan otorgarse, a través de la perforaciones y los tatuajes, una singularidad de la que carece”.

 

En tanto, dos jóvenes consultados por este medio comentaron sus experiencias y dieron su opinión sobre el desarrollo de estas prácticas corporales.

 

Mariana tiene 24 años y se realizó su primer tatuaje a los 18, en unas vacaciones con sus abuelas en la costa argentina: “Lo único que quería era tatuarme y la verdad es que lo hice en forma muy descuidada porque cuando encontré al primer tatuador que se animó a realizarme el dibujo, sin pensarlo me lo hice”.

 

Después de aquella primera pintura permanente, la entrevistada continuó realizándose tatuajes: “Tengo en la espalda, en los tobillos, en la cintura, en el pecho y, hace poco, me tatué uno arriba de la boca, que simula un lunar, porque todas las mujeres de mi familia lo tienen y yo no”.

 

Leandro es uno de los tantos jóvenes que circulan por las calles platenses con varias perforaciones en la cara; su primer piercing se lo hizo a los 16, cuando conoció a un hippie que se atrevió a perforarlo, a pesar de su corta edad.

 

La primera de todas las aplicaciones se la realizó en la oreja, después continuó con la ceja, el mentón y espera poder seguir colocándose materiales metálicos, porque “son una nueva forma de expresión”, apunta.

 

El joven reconoció que la primera vez lo hizo para rebelarse ante sus padres, “pero después sentí que se trataba de un vicio y me gustó hacerme perforaciones en todo el cuerpo”.

 

En cuanto a los piercings ubicados en las zona lindante a la boca, Agencia NOVA consultó al odontólogo Jerónimo Pereira (MN 29390; MP 50975), quien comentó que “muchas de las perforaciones en esa zona pueden traer, en el peor de los casos, cáncer bucal”.

 

Asimismo, manifestó que “la verdad es que los piercings puestos allí son pasibles de traer grandes complicaciones en dientes, incluso a la mucosa de la encía y de la lengua, porque son aplicaciones externas que alteran la naturalidad del funcionamiento bucal”.

 

Pereira se mostró preocupado por esta nueva moda y aseveró que las complicaciones de estas aplicaciones se encuentran en dos puntos: “Primero, es importante que la colocación se dé en un local con las condiciones de higiene correspondientes; en segundo lugar, los problemas bucales pueden depender de la reacción de las personas”.

 

En esta línea, el profesional remarcó la necesidad de realizarse controles periódicos: “Entiendo que la juventud se manifieste a través de los piercings, pero debe hacerlo de forma responsable, realizando visitas a su dentista y también cuidando que el lugar donde se lo realice cumpla con las normas mínimas de seguridad e higiene”.

 

Por su parte, el presidente de la Sociedad Argentina de Dermatología, Carlos Fernando Gatti, explicó a Agencia NOVA que “el tatuaje es la aplicación de una sustancia intradérmica de pigmento, de origen vegetal o mineral. Si está hecho por profesionales idóneos, no existen grandes riesgos, pero hay casos como los dibujos corporales en las cárceles, que son más rústicos, y pueden presentar problemas para la salud”.

 

El dermatólogo comentó además que uno de los problemas más frecuentes en las personas que se tatúan “se da cuando se quieren quitar esa marca del cuerpo, ya sea por cuestiones laborales o porque dejó de gustarle el dibujo, y piensa que es tan fácil como realizar el tatuaje, pero esto no es así: se trata de una práctica compleja en la que hay que realizar intervención quirúrgica”.

 

En tanto, el cirujano plástico Oscar Merbilhaa informó ante este medio: “Para sacar un tatuaje se utilizan varios métodos, todo depende del sitio donde está y de la superficie corporal comprometida. Si es pequeño y lineal, como un nombre, se hace una simple resección de la piel y una sutura, entonces el tatuaje es reemplazado por una pequeña cicatriz lineal. Pero cuando son muy grandes, abarcan pecho, espalda, brazos o piernas, hay que hacer una resección con navaja y luego poner un injerto con la piel del paciente, obtenida de otra parte de su cuerpo”.

 

Esta tendencia ha ganado gran cantidad de adeptos entre adolescentes y jóvenes durante los últimos años, sobre todo en países como la Argentina, y recién desde el 2005 se comenzaron a realizar inspecciones en locales de tatuajes y leyes de regulación en cuanto a los cuidados sanitarios.

 

En este punto, el dueño del local Guajiros, de La Plata, Mariano Salvarreyes, aseguró que “nuestro servicio cuenta con una regulación de higiene sanitaria y además pedimos los documentos de todos los chicos, porque si son menores de 18 años tiene que venir con sus padres”.

 

Los cuestionamientos con respecto a las modificaciones corporales se han puesto en el tapete de la discusiones debido a que con el paso de tiempo más adolescente y jóvenes se practican este tipo de aplicaciones.

 

Como el histórico Don Quijote de la Mancha, los jóvenes de hoy vuelan con la mente y explayan en sus cuerpos las ideas que no pueden decirle a una sociedad que ya casi no escucha más que lo que piensa. El problema está en cuál es el límite de las expresiones corporales.

 

 

De alteraciones corporales y cuestiones históricas

 

Según cuenta la historia, la palabra tatuaje proviene del vocablo “tata” y quiere decir cortar o herir; también circula en el imaginario social que se trata de un práctica milenaria que se inició en el año 1500 antes de Cristo.

 

Estas versiones surgen de investigaciones sobre momias egipcias, que tenían dibujos permanentes en la piel; al parecer, los tatuajes tenían un carácter mágico y religioso.

 

Entre los romanos, los tatuajes se utilizaban para marcar a los esclavos; mientras que durante el primer período del cristianismo aparecieron como signos de pertenencia al credo hasta que, con la consolidación de la Iglesia, fueron prohibidos por considerar que se trataba de una práctica herética, pagana o ligada a la brujería. Por esa razón, la inquisición persiguió a los tatuados.

 

A partir del siglo XVI, con la formación de los Estados europeos, los tatuajes fueron un recurso para identificar a los criminales. En las colonias americanas se marcaba a fuego a los esclavos negros con las iniciales de sus dueños, del mismo modo que se hacía con la hacienda. Esclavo y animal eran propiedad del patrón y quedaba igualada la condición de ambos.

 

Hacia fines del siglo XX, en América Latina, especialmente en los centros de detención y de desaparición de personas, las pinturas en el cuerpo tomaron la forma de un número identificatorio. Dado que en dichos lugares era imprescindible negar la identidad civil, el uso del tatuaje se hacía necesario para conferir una nueva identidad, algo similar a lo ocurrido en los campos de concentración nazis.

 

Por otra parte, las nuevas generaciones han encontrado una moda de aplicación de elementos quirúrgicos en el cuerpo, que se realizan a través de perforaciones o implantes de material metálico.

 

Se trata de los piercings y los implantes de acero quirúrgico en la cabeza. A este tipo de práctica se la denomina body-mod, y consta de aplicaciones autoplásticas que toman al cuerpo como objeto.

 

El “body piercing” consiste en el uso de aros o barritas de acero quirúrgico, platino, oro o titanio, que perforan diferentes partes del cuerpo: orejas, nariz, ombligo, cejas, lengua y genitales. En las orejas se colocan también expansiones, unas argollas que producen el progresivo agrandamiento de un agujero practicado en los lóbulos.

 

El “pocketing” es una variante del body piercing, consistente en insertar una barrita de acero similar a un clip largo, con las puntas por adentro de la piel.

 

Este tipo de aplicaciones no son realizadas en la ciudad de La Plata, porque según explicó el dueño del local Guajiros se trata de “una intervención quirúrgica que sólo se puede llevar a cabo en un lugar que tenga un quirófano, y en esta ciudad no hay un lugar así”.

 

Los implantes son una aplicación corporal interna en el que se debe cortar una parte de la piel para lograr insertar el material metálico por debajo de la misma. Se trata de una intervención más seria que la perforación de los piercing y lleva más tiempo, además de que es necesario colocar anestesia, porque se trata de un proceso doloroso.

 

Un recorrido por las páginas web destinadas a la difusión de la actividad de tatuadores y perforadores permite apreciar que el auge de la demanda se inició hace entre 10 y 15 años, y se acompañó de una gran proliferación de locales, más de 70 en la Ciudad de Buenos Aires, denominados "estudios" por sus propietarios.

 

Los tiempos cambian y los procesos de comunicación varían con el nacimiento de nuevas tecnologías; la comunicabilidad entre los jóvenes ya no se relaciona sólo con las pinturas callejeras y las canciones de protesta. Por ello, la rebelión en este siglo se puede observar en el cuerpo de las nuevas generaciones. (Agencia NOVA)

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