Pensado para el campo

Agricultura: Historia del arado

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Por Ricardo Santiago Katz (*)

Especial para Agencia NOVA

Primera parte

 

Se considera el apero más importante de la Historia, el invento más revolucionario de la agricultura. Se desconoce a ciencia cierta cuándo y qué pueblo inventó el arado. Existe la teoría de que surgió en el contexto de un régimen de economía mixto, con una agricultura y una ganadería avanzadas.

 

Posiblemente, el primer vestigio hallado de este apero sea la inscripción de una moneda en Siracusa (Italia), que data del año 3000 antes de Cristo. En España, se sabe que los celtas y tartesios ya lo usaban. Y, por supuesto, con respecto al resto de Europa hay que señalar que las civilizaciones griega y romana ya lo conocían.

 

Su origen proviene de las azadas primitivas, la pala y el pico. En el principio de los tiempos, el hombre se limitaba a practicar unos hoyos en el suelo con unos palos y a poner allí la semilla, y cuando el terreno estaba ya esquilmado, emigraba a otros lugares haciendo una vida nómada.

 

Posteriormente, y hasta la introducción del arado, la labor del campo era un trabajo duro, poco rentable y exigía tal inversión de tiempo y energías, que el agricultor sólo podía sembrar lo que necesitaba para un año justo.

 

Algunas teorías apuntan la hipótesis de que la invención del arado vino obligada por la necesidad de la supervivencia motivada por un cambio de clima. La transición de un clima caliente y seco a otro más fresco y húmedo, hizo que el nivel de las aguas ascendiera, que los ríos se desbordaran y que los lagos secos se llenasen.

 

El nuevo clima fresco y húmedo fomentaba el crecimiento rápido de las malas hierbas, con lo cual, el rendimiento de las cosechas disminuía considerablemente. Había que evitar -siempre según estas teorías- que la maleza se apoderara de los sembrados, cosa que sólo podía lograrse modificando el sistema de trabajo. El arado constituyó la solución para este problema, ya que éste no se limitaba a arañar el suelo, sino que también, removiera la tierra.

 

Este apero, por otra parte, trajo como consecuencia ir introduciendo, un aligeramiento de las faenas del campo. El arado hacía unos surcos más anchos y profundos, con lo que la superficie de siembra se ampliaba tanto, que no era necesario ir introduciendo cada grano individualmente.

 

Muy por el contrario, el campesino podía echar la semilla en puñados, al voleo, mientras iba caminando; ya no tenía que permanecer agachado o en cuclillas; y además, la mayor profundidad del surco favorecía la germinación de la semilla.

En resumen, no sólo se agilizó el trabajo sino que también mejoraron las cosechas. Aumentó progresivamente la extensión cultivada y empezaron a conseguirse excedentes de productos agrícolas, por primera vez, en la historia de la humanidad.

 

Los primeros arados fueron de madera o piedra y, luego, en la Edad de Hierro, empezaron a fabricarse de metal. Poco a poco se produjo una especialización de este utensilio para adaptarlo a las exigencias del medio ambiente.

 

El arado fue el invento más revolucionario de la agricultura. Gracias a él pudieron conseguirse excedentes agrícolas. Pero ahora las nuevas técnicas de laboreo de las tierras, han puesto en entredicho la utilidad de su uso.

(continúa)

 

 

(*) Licenciado en Ciencias de la Educación y escritor platense.

 

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