Por Ricardo Santiago Katz (*)
Especial para Agencia NOVA
Al evocar sus primeros progresos, surge la comprobación de un comienzo singularmente muy modesto, y se conforma un ejemplo de cuanto puede la voluntad y el tesón puestos al servicio de una idea, cuando esos aportes son estrechados en torno a la promoción sencilla de anhelos realmente populares.
Everton simbolizó la iniciativa de una zona, un barrio de la ciudad, empeñado en contar con una entidad y una divisa para dar cauce al fervor y la pasión deportiva, con estricta sujeción a todos aquellos atributos que hacen a la hidalguía.
Casi adolescentes los autores de la iniciativa se impusieron una conducta y se adentraron en el convencimiento de que sólo mediante la contribución honesta e irrenunciable de todos, se lograría dar cariz material y fecunda cristalización a aquélla.
Apenas adolescentes. No otra cosa eran esos muchachos de la barriada de 58 y 16, que afrontaron la tremenda responsabilidad de fundar un club, que nacía al calor de impulsos lozanos y a favor de un designio auténticamente popular.
El propósito mereció amplio aplauso y sostenido respaldo, pero en torno a la denominación de la institución surgieron criterios encontrados.
La institución «Decana» del fútbol amateur platense, nació como «25 de Mayo», después se acordó llamarla «Club Atlético Everton Platense»; posteriormente «Club Atlético Everton» y en la actualidad su denominación definitiva es «Club Everton».
No había elección caprichosa en la denominación adoptada. Había una pasión dominante, y ella estaba enmarcada en el ámbito del fútbol, que seguía conquistando la adhesión de multitudes, entusiasmadas por la emoción que procura una justa del balompié y convencidas del incomparable entretenimiento que para la idiosincrasia de nuestro pueblo constituía esa manifestación deportiva.
Everton, que tiene su sede social en la calla 14 entre 63 y 64, vecina al Parque Saavedra, surgía para emular, en un reducido escenario, por entonces, las hazañas de una de las más poderosas alineaciones de toda la historia de los «padres del fútbol». Nacía modestamente al conjuro de auspicios sencillos, pero su gravitación estaba destinada a ser eminente.
(*) Licenciado en Ciencias de la Educación y autor del libro Everton: El decano platense: 1905 - 2005 (próximo a publicarse)